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 miércoles, 16 de noviembre de 2005  
Límites a la obsesión por las estrellas

Sebastián Fest / DPA

Asia era "Eldorado", el mundo sin límites con el que el tenis soñaba para hacer crecer el negocio. Y sigue siendo un negocio, aunque tras el Masters masculino de 2005 nada será igual para la ATP, que deberá adaptarse a otro mundo que ofrece mucho dinero pero también reclama reglas de juego diferentes a las de Occidente.

"El tenis chino está aún en una fase primitiva", explicó Qin Weichang, hombre fuerte de Ba-Shi Corporation, la firma china que puso todos sus dólares y esfuerzo en sacar adelante el mejor Masters de la historia. Pero la tarde del 14 de noviembre de 2005 torció totalmente esa historia, y cuando los chinos vieron que su torneo con los ocho mejores del mundo se convertía en un certamen de suplentes del que las estrellas huían lesionadas, su enojo alcanzó la magnitud de la Gran Muralla.

Mercados como el estadounidense y el europeo ("agotados" para los gurúes del tenis) o como el latinoamericano ("demasiado pequeño") disfrutan del tenis antes que de las estrellas. Todos quieren ver a Roger Federer, sí, pero el tenis y la tradición de los torneos prima todavía sobre lo individual.

En China es diferente. Los chinos se encandilan con las grandes figuras, deliran con el carisma de Andre Agassi y aman el glamour de Maria Sharapova. Lo explicó Qin: "Los aficionados vienen a este torneo por las grandes historias". Traducido: por los grandes jugadores.

El tenis en China es diferente porque el gigante de 1.300 millones de habitantes es capaz de construir un impactante complejo con un estadio de techo retráctil y 30 canchas circundantes, pero no puede comprar una historia o una tradición. No tiene aún grandes jugadores. Por eso compra la oportunidad de ver a estrellas.

Y cuando Agassi, Hewitt, Safin, Roddick y Nadal -cuatro ex número uno del mundo y un atractivo número 2- le fallan al torneo, los chinos piden cuentas. Porque su gente fue a disfrutar de las figuras antes que del torneo.

Y piden educación: en un país donde inclinar repetidas veces la cabeza sosteniendo con dos manos una tarjeta de presentación es la norma, no es aceptable encontrarse con que una estrella se va del torneo sin hablarlo previamente con los organizadores y sin disculparse con el público.

Por eso la furia se dirigió a Agassi. El ex número uno es el emblema la comercialización deportiva a ultranza, que choca con otra como la china, donde tener dinero no significa saltarse ciertas normas. También por eso Nadal salió airoso del su abandono. Relacionista público durante dos días tras renunciar al torneo por lesión, se ganó a los chinos y tiene el camino abierto para regresar cuando quiera a la nueva meca del deporte mundial.
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