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| sábado,
12 de
noviembre de
2005 |
La Comisión Universitaria sobre Discapacidad de Rosario (Cundir) promueve una mirada inclusiva en los planes de estudio
Estudiantes con necesidades especiales: los invisibles de la universidad
Un grupo de alumnos y graduados con distintas discapacidades cumple hoy su primer aniversario de trabajo en una comisión creada para defender sus derechos
Matias Loja
"Podés llamarnos personas con discapacidad, discapacitados, personas con necesidades especiales... el nombre es lo de menos. Pero nunca asocies la idea de discapacidad con la de incapacidad. Todos tenemos derecho a acceder a la educación y al trabajo en igualdad de oportunidades". Esta afirmación es el párrafo de cierre de un volante confeccionado recientemente por los miembros de la Comisión Universitaria sobre Discapacidad de Rosario (Cundir) repartido en la pasada Expo Universidad 2005, para concientizar a la comunidad académica, y a la sociedad en general, acerca del trabajo que desarrollan desde hace un año.
Fundada el 12 de noviembre de 2004, la Cundir es un espacio que aglutina a estudiantes y egresados de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y de institutos de educación superior de la ciudad que, entre otras cosas, buscan generar una instancia de debate, gestión y difusión de los diversos temas que atraviesan la vida cotidiana de las personas que, como ellos, tienen necesidades especiales.
"Este espacio surge a partir de conocernos individualmente como estudiantes o egresados de la UNR, y de otras universidades o institutos terciarios, desde la necesidad de juntarnos para tratar de mejorar las condiciones de estudio dentro de cada facultad y las condiciones laborales de los egresados con discapacidad", cuenta Inés Arelovich, licenciada en enfermería de la UNR y miembro de la comisión.
Si bien a partir de las dos normas educativas nacionales sancionadas en los 90 (ley federal y ley de educación superior), el tema es abordado dentro de la educación formal a través de la atención a la diversidad, que incluye a las denominadas Necesidades Educativas Especiales (NEE) -lo cual implicó según los especialistas en la temática un cambio paradigmático en la forma de concebir al sujeto de la educación ya no como un problema sino como un valor-, los miembros del Cundir opinan que en general es poco lo que se ha avanzado en cambios concretos dentro del ámbito universitario.
Barreras sociales
Desde infraestructuras inaccesibles en algunas facultades, a la ausencia de un debate serio sobre la discapacidad, los miembros de esta comisión promueven, desde el ámbito universitario, generar acciones que avancen de manera efectiva en soluciones para impulsar mejoras en la calidad de vida de las personas con necesidades especiales.
"La denominación de la comisión como universitaria se debe a que, más allá de que seamos estudiantes o profesionales egresados de las universidades, trabajamos también fuertemente sobre el impacto de la formación superior en lo referido a la discapacidad", explica Teresa Montero, estudiante de 5º año de derecho de la UNR e integrante de Cundir, y agrega que "no nos referimos sólo a un médico o a un kinesiólogo, porque cuando uno habla de discapacidad lo primero que se piensa es en un profesional de la salud. Estamos hablando también de arquitectos -porque en general la mayoría de las ciudades del país no son accesibles-, y también de ingenieros, porque el tema de la tecnología tiene mucho que ver con la discapacidad". Y a modo de ejemplo, comenta que las personas ciegas, gracias a los importantes adelantos en tecnología informática, ahora pueden, entre otras cosas, manejar computadoras. "Esto tal vez suena pequeño, pero es un cambio enorme en la calidad de vida, en la integración y en la inclusión en las actividades cotidianas", manifiesta Montero.
Teresa, al igual que Inés, adquirió su discapacidad (en su caso, la ceguera) hace apenas unos años, y cuenta que al momento de reincorporarse a la facultad en la que estudia, comenzó a vivir, por ignorancia o por discriminación, las trabas que la sociedad les impone a quienes poseen capacidades diferentes.
"Cuando me reintegré a la facultad, el primer profesor con el que me crucé me dijo: -Usted no va a poder hacer los trabajos; sin preguntarme antes cómo hacía yo para seguir estudiando. O están los otros que sugieren para qué tanto esfuerzo en estudiar si después no vas a poder trabajar. Y en ningún momento se ponen en lugar del otro", evoca Teresa, quien hace un año fue una de las graduadas del primer curso de computación para no videntes organizado por la UNR.
Cambio conceptual
La labor de los estudiantes y graduados universitarios de Cundir está relacionada, además del aporte de proyectos concretos para la mejora de la calidad de vida de las personas con necesidades especiales, en instalar un debate distinto sobre la discapacidad que implique un cambio conceptual en el tratamiento social del tema. Y para ello, consideran crucial la introducción de esta cuestión en la currícula de los futuros profesionales.
"Para nosotros también es importante la tarea que hacemos, no sólo para conseguir reivindicaciones específicas hacia los grupos afectados, sino también para incluir la temática dentro de los planes de estudio, para que este tema involucre a todos. Porque el universitario, cuando egrese, si este asunto no lo tiene mínimamente visto de algún modo en los programas, va a ser un reproductor de esa invisibilidad en la que estamos", señala Gabriel Fernández, psicólogo e integrante de Cundir.
"Muchas veces se relaciona la discapacidad directamente con sillas de ruedas, con un bastón de ciegos o con las personas con síndrome de down, pero en realidad el tema es mucho más amplio", expresa Teresa Montero, y añade que "de hecho abarca casi las mismas temáticas que las de la tercera edad". "Nosotros cuando hablamos de accesibilidad -la posibilidad de acceder y transitar por un entorno físico accesible- también nos referimos a movilidad reducida, por ejemplo, de personas sin discapacidad permanente, personas obesas, enyesadas, o ancianas", indican los integrantes de Cundir.
Desde esta comisión universitaria remarcan a su vez que la transformación conceptual a la que se refieren también implica "alejarse del paradigma asistencialista al cual también las personas con discapacidad contribuimos muchas veces". "Se termina pidiendo sólo ayuda económica, subsidios y becas, que son parches. Nosotros no decimos que no son necesarios, porque realmente esa ayuda hace también a la equiparación de oportunidades. Pero no ponemos el acento sólo en los subsidios, porque sería reducir la cuestión sólo a lo económico", declaran.
Según muestran los datos de la primera Encuesta Nacional de personas con Discapacidad (Endi) realizada entre noviembre de 2002 y abril de 2003, uno de cada cinco hogares del país (20,6 por ciento), alberga al menos a una persona discapacitada. Lo cual indica que el 7,1 por ciento de la población posee algún tipo de discapacidad, que en números absolutos implican 2.176.123 personas. Asimismo, y según la misma fuente, el total de alumnos con discapacidad que se encuentran cursando estudios de nivel superior en universidades tanto públicas como privadas en Argentina es de 17.961, lo cual representa el 0.9 por ciento de la población de 17 años o más.
Aún así, de acuerdo con un documento presentado en febrero de este año por la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) del Ministerio de Educación de la Nación sobre la integración de las personas con discapacidad en la educación superior en país, "dado que los datos relevados por la Endi aún están siendo procesados, y considerando que tampoco las instituciones de educación superior, salvo escasas excepciones, cuentan con información estadística al respecto, no es posible obtener información desagregada de los alumnos con discapacidad en la universidad con respecto a su sexo, edad, condición económica o tipo de discapacidad".
De todas maneras, para los miembros de Cundir los relevamientos muchas veces son simplificaciones de la realidad. "No sólo en la universidad sino en todos los lugares donde vamos a presentar un proyecto, nos preguntan para cuántos beneficiarios es. Y siempre hemos contestado que esto se justifica con que haya una sólo persona con discapacidad", expresan, y señalan que "nosotros no creemos que para justificar un proyecto sobre accesibilidad se tengan que tomar los números, por ejemplo, de los estudiantes con discapacidad. Porque habría que ver por qué la gente no ingresa o no permanece en el nivel superior. Los que ya estamos en la universidad, de alguna manera lo hemos resuelto. Pero lo que hay que relevar es la gente que trató de ingresar, o la gente que ingresó y no pudo sostener un estudio".
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Fotos
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Teresa, Gabriel e Inés son miembros del Cundir y buscan profundizar el debate sobre la discapacidad.
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