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| sábado,
12 de
noviembre de
2005 |
Escape a ninguna parte. Seis efectivos fueron pasados a disponibilidad después de que los jóvenes huyeran en una pick-up
Eludieron un control de alcoholemia y la policía les baleó la camioneta
Seis estudiantes fueron perseguidos a 130 kilómetros por hora. Les dispararon y
se salvaron de milagro
Belén Travesaro, Pablo R. Procopio y Lucas Ameriso / La Capital
"Es una casualidad que nadie haya muerto". Eso dijeron los padres de los jóvenes que en la madrugada de ayer fueron perseguidos, en medio de una balacera, tras evadir un control de acoholemia. A raíz de este incidente, la jefa de policía provincial, Leyla Perazzo, decidió separar de la fuerza a seis efectivos.
Un grupo de estudiantes de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario, que regresaba de una graduación en una camioneta Toyota Hilux (patente CFZ 657), conducida por Lucas Vignau (20), se negó a efectuar el alcotest en Rivadavia y Santiago, huyó del lugar y fue perseguido por efectivos policiales y de la Dirección de Tránsito municipal.
Los universitarios fueron interceptados recién a unos 12 kilómetros de allí, en avenida de Circunvalación y Uriburu, tras una carrera hollywoodense que incluyó varios disparos policiales, cruces de semáforos en rojo, encerronas y hasta colisiones.
Los estudiantes, tres varones y tres mujeres de entre 19 y 20 años, regresaban cerca de las 3.50 a la zona céntrica desde una fiesta en La Florida (de la Universidad Católica Argentina en el salón del Centro Castilla) y se dirigían al bar Maui (Rivadavia y Pueyrredón) donde descendieron unos 10 minutos y permanecieron en la puerta.
Luego, regresaron a la pick-up y, al ver el control distante a unas dos cuadras, huyeron acelerando por Santiago mientras un patrullero comenzó a seguirlos junto a dos motos de la Intendencia. Además, en la esquina de Santiago y Salta casi chocan contra un colectivo.
A la altura de San Juan y bulevar Avellaneda, el primer móvil que iba persiguiéndolos se quedó sin combustible, por lo que sus ocupantes debieron abastecerlo para reiniciar el raíd. En ese momento, se habían sumado dos vehículos policiales, "siempre utilizando señales luminosas y acústicas (balizas y sirena)", según se indicó en un parte oficial.
Los jóvenes, que al parecer estaban alcoholizados, continuaron su veloz carrera sin atender los pedidos de alto que les hacían desde un megáfono y a unos 130 kilómetros horarios.
Los agentes efectuaron tiros intimidatorios al aire que luego se transformaron en disparos hacia la camioneta (oficialmente se dijo que estaban dirigidos a los neumáticos), por lo que un proyectil impactó en la luneta y siguió su curso hacia el parabrisas. Además, hubo balazos en el taco del guardabarros trasero izquierdo y la compuerta de la pick-up.
"Estábamos aterrorizados y varias veces nos agachamos al oír los tiros", remarcó María Sol Depetris (19), una de las ocupantes del rodado perseguido. La joven también expresó que, durante el interminable trayecto, sus compañeros le solicitaron al conductor que detuviera su alocada marcha, pero no lo hizo.
La fuga culminó en Circunvalación y Uriburu donde la Toyota fue encerrada por tres móviles que le impidieron seguir andando. Sin embargo, su chofer sufrió una herida cortante en la cabeza al resistirse a su detención. Según, relató uno de los integrantes de la camioneta, Juan Tizón (20), se encontraron "con varios policías que apuntaban con sus armas".
Por razones de jurisdicción, los estudiantes fueron conducidos a la comisaría 18ª (Francia 3670) donde se les tomó declaración. Además de Vignau, Depetris y Tizón, arribaron allí Agostina Dagoto (19), Nicolás Paladini (20) y Ana Clara Rivas (19). Sus padres fueron llegando más tarde y no salían de su asombro. "Hay que cuidar a los chicos", decía una de las mamás. Por su parte, otro padre, Sergio Tizón, estaba furioso con el personal policial. "Una cosa es que los encierren, pero otra muy distinta es que les disparen. ¿Cómo pueden haber hecho una cosa así?", se preguntó.
No obstante, fuentes a las que accedió La Capital dijeron que los universitarios declararon haber ingerido alcohol. De todos modos, ellos lo negaron públicamente. "No tomamos, Lucas (Vignau) vio un auto de la policía que nos seguía y se asustó", indicaron.
El tripulante de la camioneta permanecía ayer internado en el Sanatorio Parque (Oroño y Córdoba) tras ser derivado del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Desde la habitación 202, su padre, Jorge Vignau, calificó como una "barbaridad" a la decisión de disparar. "Esto pudo haber sido una masacre", abundó antes de defender a su hijo que "no se resistió", remarcó.
El jefe de la comisaría 18ª, José Luis Juárez, reconoció que el accionar policial fue "excesivo". Frente a él, sobre un sillón de su despacho, estaban las armas que les retuvieron a los ocho efectivos involucrados directamente en la persecución, todos imputados por abuso de armas y de autoridad. Sólo seis de ellos también fueron sumariados por hurto y pasaron a disponibilidad. Es más, dos de las chicas denunciaron a un policía por la falta de sus carteras con dinero, efectos personales y documentación, aparte de un teléfono celular y el chip de otro.
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Fotos
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La luneta destruida de la Toyota Hilux.
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