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 miércoles, 24 de agosto de 2005  
Análisis: Desembarco para recuperar la autoestima

Mauricio Maronna / La Capital

La llegada del presidente Néstor Kirchner a Rosario genera en el justicialismo santafesino un repentino aumento de las defensas.

Frente a la marea de pronósticos que llegaron en los últimos meses desde la Capital Federal dando como un hecho consumado el triunfo de Hermes Binner en las legislativas del 23 de octubre, el desembarco K y la aparición de Carlos Reutemann en la campaña que Agustín Rossi lleva a todo vapor por el interior de la provincia han logrado revitalizar los ánimos peronistas.

Más allá del simbolismo que representa la elección de la ciudad como plataforma de lanzamiento nacional del kirchnerismo, la presencia del jefe del Estado y de la primera dama será utilizado por los peronistas para intentar quebrar la lectura que, a esta altura de los acontecimientos, ya no sorprende: la toma de distancia de la Casa Rosada respecto a los comicios en Santa Fe.

El presidente goza en la provincia de altísimos índices de imagen positiva que, aquí, no vienen de la mano de operaciones mediáticas ni de construcciones nacidas bajo los dictados de Artemiópolis (consultor del gobierno nacional), sino que se ven reflejadas en el mejoramiento de las condiciones económicas en casi toda la bota.

Luego del traumático cierre de nóminas, y sin la declamada lista de luxe que tenía a Horacio Rosatti, María Eugenia Bielsa y Omar Perotti como nombres estelares, el Partido Justicialista entró en una etapa cercana a la autoflagelación, con centenares de heridos y un estado de desmovilización latente.

El gobernador Jorge Obeid y Reutemann cerraron filas rápidamente con el candidato, quien inteligentemente entendió cuál debería ser la estrategia: hacerse conocido fuera de Rosario y pegar su figura a la del presidente Kirchner. En esto el titular del Concejo Municipal no ahorró engrudo (para empapelar su rostro junto al del jefe del Estado en las ciudades más importantes) ni nafta (para recorrer la provincia de norte a sur).

Mientras el Frente para la Victoria puso toda su energía para convertir a Rosario en la capital del kirchnerismo (al menos por unos días), Binner nacionalizó su figura en los programas periodísticos porteños, dejando embelezados con un discurso contemporizador a los periodistas estrella de la derecha nativa.

Ni justicialistas ni socialistas debieran hacer juicios apresurados: todavía faltan dos meses para que las urnas resuelvan el dilema.

El show electoral recién está dando sus primeros pasos.
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