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sábado,
16 de
abril de
2005 |
Salud: enfrentar el desamparo
La Argentina sufrió desde 1976 en adelante, pero con la década del noventa como indiscutible epicentro, un proceso de concentración económica sin precedentes, que desembocó en la creación de niveles de desigualdad social inéditos y alarmantes. Un país que conoció épocas de pleno empleo se convirtió velozmente en su antítesis y muchos jóvenes optaron por un precario exilio para evitar un porvenir signado por la negrura. Cuando se develaron los resultados de una encuesta finalizada durante la pasada semana en esta ciudad, de modo acaso inesperado salió a la luz un dato que expresa con elocuencia el nivel de la caída sufrida por la República: casi la mitad de los alumnos que cursan estudios en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) carece de cobertura de salud. Un retrato del desamparo en que quedó sumida la clase media.
Es que si bien los índices obtenidos no se diferencian de los del porcentaje global de la sociedad, una lógica natural presupone que el origen socioeconómico de quienes acceden a la Universidad debería plasmarse en indicadores muy distintos. Fernando Benítez, director de Bienestar Estudiantil de la UNR, ensayó una explicación que introduce un paliativo: es que a la innegable incidencia de la desocupación y la precarización económica el funcionario le agregó el hecho de que el cincuenta y tres por ciento de los alumnos no es oriundo de Rosario. La suposición resulta clara: estos jóvenes tienen obra social en sus lugares de nacimiento y la pierden al trasladarse para continuar sus estudios. Pero más allá de cuál sea la razón del problema, sin dudas que es grave y debía ser solucionado.
Tomando rápidas medidas en un ámbito que es su fuerte -la salud pública-, el municipio ya firmó un convenio con la Asociación Israelita y la Federación Universitaria de Rosario (FUR) a fin de implementar un sistema que incluirá desde atención primaria a servicios de alta complejidad por derivación y estará destinado a los estudiantes. De tal manera, cerca de treinta y cinco mil alumnos -a los que deben sumarse los de la Universidad Tecnológica, que llegan a cinco mil- verán resuelta su situación a partir del próximo mes de mayo.
Queda claro, mal que les pese a muchos: ante el desamparo imperante, y mientras la sociedad busca con ahínco suprimir sus causas estructurales, la acción del Estado es el único remedio posible.
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