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 sábado, 16 de abril de 2005  
La nobleza y el jet set despidieron a Rainiero
El príncipe de Mónaco fue velado en la misma catedral donde en 1956 se casó con Grace Kelly

Mónaco. - Reyes, reinas, presidentes y nobles de toda Europa despidieron al príncipe Rainiero de Mónaco en la catedral donde hace casi 50 años se casó con la estrella de Hollywood Grace Kelly y donde fue sepultado junto a ella.

Ocho guardias del palacio llevaron el ataúd de Rainiero, envuelto en la bandera roja y blanca de Mónaco, desde el palacio real hasta la escalinata del templo en el que contrajo matrimonio con Grace en 1956 y donde la diva descansa desde que murió en un accidente automovilístico en 1982.

Luego seis funcionarios llevaron el ataúd al interior de la catedral, donde lo esperaban con velas los miembros de la familia del príncipe, quien murió el 6 de abril, a los 81, años por problemas pulmonares, cardíacos y renales.

Sus hijas, la princesa Carolina y Estefanía, lloraron abiertamente mientras caminaban detrás del ataúd junto con su hermano, el príncipe Alberto, quien sucederá a su padre como monarca.

El presidente francés, Jacques Chirac, y el rey Juan Carlos de España se sentaron juntos en la catedral durante la ceremonia a la que asistieron 60 reyes, reinas, príncipes, presidentes y representantes, además de numerosos nobles e integrantes del jet set.

"En esta misma catedral hace 49 años, casi este mismo día, él se casó son su alteza real la princesa Grace, quien desapareció de nuestra vista demasiado pronto", lamentó el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi, durante la ceremonia. "Con la princesa conformaron una pareja excepcional, unidos en mente y corazón", exaltó el religioso, quien destacó cómo Rainiero extrañó a Grace a su muerte y nunca se volvió a casar.

"Para cada uno de nosotros, el príncipe fue ciertamente un soberano de Estado pero también un amigo, un miembro de nuestra familia", agregó el arzobispo. "Hoy nuestra gente se siente huérfana de un gran hombre que nos amó y que respetamos y amamos", remató.

Los miembros de la casa real estaban vestidos de negro, con rosas rojas o blancas en sus manos, mientras que el ataúd era llevado a la catedral detrás de una gran cruz.

La gente de Mónaco, un pequeño principado de cerca de 30.000 personas en la costa mediterránea próximo a Francia e Italia, miraba desde atrás de barreras metálicas el paso del cortejo fúnebre.

Al funeral asistieron, entre otros, los reyes Juan Carlos y Carl Gustav de España y Suecia, respectivamente, la reina Sonia de Noruega, el príncipe Andrés de Gran Bretaña y miembros de las familias reales de Arabia Saudita, Bahrein, Bulgaria, Dinamarca, Egipto, Grecia y Japón.

La dinastía Grimaldi, que ha gobernado Mónaco más de siete siglos, ha estado signada por la tragedia y ocupado los titulares de la prensa por varios escándalos relacionados con sus vidas privadas.
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Carolina y Alberto rezan.

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