 | viernes, 19 de noviembre de 2004 | No tergiversemos el lenguaje El Congreso de la Lengua nos recuerda que siendo el idioma el medio de comunicación por excelencia debemos utilizar sus términos en su preciso significado para evitar confusiones y equívocos. Ultimamente se está deformando mucho al respecto. Por ejemplo el uso del vocablo "bárbaro" en vez de los pertinentes "magnífico, muy bien, de acuerdo", etcétera. O la equivocada expresión en boga en cierto periodismo "un día como hoy", siendo que no puede haber dos días iguales, máxime cuando los separan años o incluso siglos. Más dañino es el empleo, ya sea por factores sentimentales o por ocultos fines ideológicos, de ciertas expresiones con las cuales alterando la realidad se pretende equiparar como una manera de justificar o bien de disimular situaciones bien distintas. Por ejemplo, el empleo del vocablo "interno" en vez de "preso", asimilando así a quienes están privados de su libertad por su inconducta con aquellos que están internados por móviles educativos, religiosos, de asistencia social, etcétera. O bien en lugar de los vocablos tradicionales y unívocos "prostituta, meretriz", la expresión "trabajadoras sexuales", como si con ésta mutación se le va a conferir a esa actividad una dignidad idéntica a las ocupaciones laborales irreprochables. También es errónea la expresión "personas con capacidades diferentes" en un vano intento para maquillar una cruel realidad, ya que dichas personas en verdad tienen incapacidades o capacidades disminuidas y para ayudarlas efectivamente hay que asumir las cosas como son y no asimilar el agua con el aceite. Hay que procurar asimismo ser concisos y no incurrir en extensiones innecesarias como ocurre con el empleo de términos más extensos que otros, como hipoacúsicos en vez de sordos, etcétera. Observo que estas deformaciones de nuestro lenguaje concuerdan con la decadencia de nuestro país, la crisis de valores, el relativismo moral, etcétera. Por consiguiente sería bueno volver a la pureza de nuestro idioma sin negar los modernismos que correspondan.
Raúl Miguel Ghione
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