 | sábado, 31 de julio de 2004 | Feroz dictadura Hay acontecimientos que son fundamentales en la historia social de los pueblos, pues marcan hitos en la memoria colectiva de modo indeleble. En julio de 1936, en España estalló un levantamiento militar con inusitadas consecuencias. De inmediato los trabajadores organizados en los sindicatos anarcosindicalistas de la CNT-FAI iniciaron la coordinación de milicias y el proceso de socialización de campos, fábricas y talleres. Frente al alzamiento faccioso contra la República, instaurada en 1931, el pueblo español respondió con coraje y un heroísmo que muestra que su amor por la libertad no eran sólo palabras. Además lo que los golpistas pensaban como un paseo triunfal encontró férrea resistencia, y a pesar de lo desigual de las fuerzas el conflicto se prolongó durante tres años. En España quedaron enfrentados dos bandos bien concretos, de un lado: Mola, Franco y los falangistas, apoyados por Mussolini y Hitler, representando a terratenientes, católicos inquisidores y ultramontanos, del otro un pueblo que no cejó en su esfuerzo por defender la justicia y su derecho a la dignidad. La heroica gesta de la resistencia popular ibérica al fascismo tiene rasgos inéditos en diversas facetas. Cabe destacar uno de los más importantes, el de la experiencia de autogestión social extendida a la industria, la agricultura, la educación, los servicios sanitarios, etcétera. La Guerra Civil Española, verdadera antesala de la Segunda Guerra Mundial, puso en evidencia la villanía de las potencias occidentales como Francia e Inglaterra, que dejaron a la República española librada a su mala suerte. Otros -Stalin- usaron a España como pieza en su perverso tablero de ajedrez y enviaron agentes que contribuyeron a sabotear la gesta libertaria. Un millón de muertos, miles de exiliados, cuarenta años de una feroz dictadura. No pueden ser olvidados y en el análisis de estos hechos encontraremos muchas de las claves del presente mundial, entre otras la clara vocación libertaria de los pueblos frente a la barbarie imperial.
Carlos A. Solero
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