 | sábado, 17 de julio de 2004 | Hostigamiento a fumadores Desde siempre fumar ha sido costumbre arraigada en un amplio sector de la sociedad. Tácitas reglas de una convivencia civilizada admitieron la práctica de este hábito sin anatematizar al fumador en la forma que hoy se advierte bajo la batuta del Estado, al extremo de ungir a la categoría de héroe civil a un niño que protagonizó un absurdo incidente con un chofer de colectivo que debiendo permanecer horas al volante tuvo la osadía de encender un cigarrillo y que a la postre hubo de pagar con una suspensión, tal como hubiera ocurrido en la Alemania nazi con la denuncia de cualquier párvulo de las formaciones juveniles hitlerianas. Un ministro de Salud Pública de la Nación cuyos hospitales son una muestra cabal de chapucería administrativa, con alarmante carencia de insumos básicos, en lugar de ocupar su tiempo en la racionalización de las dependencias que le competen, como podría ser el desbloqueo aduanero de instrumental donado por otros países, dedica toda una página de un matutino para alertarnos sobre el peligro (?) de constituirnos en "fumadores pasivos", aunque de paso y como quien no quiere la cosa, convalida el formidable aumento del impuesto a los cigarrillos en pos de la voracidad fiscal. Nadie ignora que los efectos del tabaco son negativos para la salud, pero también es cierto que tales efectos no son idénticos en todas las individualidades. No menos cierto es que comer en exceso también es perjudicial para la salud, de manera que una medida acorde con el criterio paternalista podría ser la prohibición de los "tenedores libres" que algunos aprovechan para comer como marranos. En otras palabras: prohibamos las opciones personales y deleguemos en papá Estado todas las decisiones que hacen a nuestra salud. Después de Voltaire, que se encargó de ridiculizar a las leyes contra las costumbres, no voy a insistir sobre lo absurdo de su aplicación; no obstante, me permito recordar las nefastas consecuencias que derivaron de la pertinacia de los puritanos estadounidenses con la aplicación de la llamada Ley Seca. Por último, y en relación con el genial slogan "fumadores pasivos", tengo en mi domicilio un par de gatos que comparten el ambiente donde se fuma sin limitaciones, pero según el veterinario, tras exhaustivas revisaciones, no ha podido detectarles afecciones derivadas del tabaco.
LE 3.166.879
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