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 miércoles, 20 de agosto de 2003

Cómo vivir sin estrés
El presidente de la Sociedad Argentina que estudia la epidemia del siglo XXI dijo que el cuerpo "avisa" cuando algo anda bien. Consejos del doctor López Rosetti

María Laura Favarel / La Capital

"La semana pasada tuve parálisis facial. Tenía la boca dura y me latía un ojo. Vino la ambulancia y los médicos dijeron: son nervios, señorita, tiene estrés". Este diálogo pertenece a una joven de 27 años, pero no es ninguna novedad. Cualquiera que lea esta nota podría relatar una situación semejante ya que el estrés dejó de ser una afección que sólo afecta a los ejecutivos para avanzar sobre niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, el cardiólogo Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina del Estrés planteó un desafío: hoy es posible vivir sin estrés, "la clave está en no asignar a las cosas más importancia de las que tienen", dijo. "Para no enfermarse, advirtió, hay que anticiparse y entender que cuando aparece un malestar físico o emocional, algo no anda bien".

En el marco de una charla ofrecida en Rosario invitado por Banco Río y Orígenes, el especialista explicó que cuando una persona está estresada, no se siente bien, y ese malestar puede ser emocional, psicológico o físico. Aunque el síntoma tiene sus maneras de expresarse (acidez estomacal, dolor de cabeza, inseguridad, desgano, falta de motivación, irresponsabilidad, miedo, inseguridad o tristeza) cada uno de nosotros puede ser capaz de detectarlo. "Hay que prestarle atención a esta información que recibimos del cuerpo, porque es un pedido de auxilio", afirmó el especialista.


Personalidades estresadas
Existen personalidades más propensas que otras. En la década del 50 se describieron dos patrones (tipo A y B). El primero y más proclive al estrés se da en personas dinámicas, agresivas, exitosas, con tendencia al logro, eficientes, que viven en virtud del tiempo, capaces, competitivas y con un alto nivel de actividad.

Por el contrario, la personalidad de tipo B es más tranquila, sosegada, no está atareada y se toma el tiempo para hacer cada actividad. Está demostrado que la personalidad de tipo A tiene entre 2,5 y 3 veces más infartos que la B.

Sin embargo, una personalidad u otra no es determinante. "No importa lo que sucede sino lo que yo creo que sucede" es una de las frases preferidas de López Rosetti. Por ejemplo, cuando un grupo de personas bajan de una montaña rusa, se escuchan versiones diversas. Si bien el recorrido es el mismo, algunos volverían a subir felices, mientras otros no la pisarán nunca más en su vida. La diferencia está en cómo lo vivieron.

Si la amenaza es muy alta será más difícil. Esto sucede cuando se ven afectadas las necesidades básicas, como la pérdida de un empleo, o no poder pagar la hipoteca de una casa. Quien atraviese estas circunstancias carga un peso real, concreto y medible. Aun en esas circunstancias dos desempleados pueden tomar el hecho de forma diferente. Pero finalmente el que maneje el estrés se enfermará menos y estará en mejores condiciones de encontrar trabajo.

Muchos estresados no saben qué desencadenó el proceso. López Rosetti admitió que no es una cuestión de sociedades más o menos desarrolladas, porque en países del primer mundo, donde la calidad de vida es alta, también lo padecen. "Siempre tenemos una insatisfacción, una inconformidad con algo, que si no está bien manejada produce síntomas", dijo. Para ello el médico recomendó algo en apariencia sencillo de llevar a la práctica: no asignarle a las cosas más importancia de la que tienen.


Filosofía más que medicina
Lo primero es escuchar al cuerpo y descubrir señales tales como el dolor de cabeza o el desgano ante una obligación. "Esto no quiere decir que no deba cumplir con mis responsabilidades pero debo tener en claro que estoy sobrecargando mi cuerpo y mi mente. Es como si a una camioneta que puede llevar mil kilos, le ponemos 1.200. Entonces que sea por poco tiempo y a velocidad reducida. Lo mismo se aplica a las personas", aclaró el especialista.

"En general la gente no se cuida y resiste durante años, pero todo ese tiempo desgastado se paga más adelante con una enfermedad. Pero lo más grave es que esa persona no vivió bien, porque felicidad y estrés están relacionados y un estresado no vive feliz".

Para López Rosetti, "es posible vivir sin estrés". Su afirmación corresponde a la propia experiencia de vida. "Viví muy estresado y en un momento una enfermedad importante me hizo cambiar de paradigma", relató. La solución está dentro de cada uno y el rol del médico sólo es orientador, agregó.

Al respecto, reconoció que "no es fácil descubrir las propias motivaciones y necesidades. Hay que hacer una lista de las prioridades, una escala de valores, que generalmente no conocemos porque no se habla de esto en la escuela, en la universidad ni a nivel familiar. Yo le suelo preguntar a mis hijos ¿fuiste feliz hoy?, y no es una pregunta que se conteste rápido, porque normalmente no reflexionamos sobre esto que es primordial".

"Sin duda el medio es estresor, pero si no podemos cambiarlo, cambiemos nosotros. De esta forma, entre todos podremos modificar el ambiente", señaló.

Se debe decir que "no" o "basta" o "este año no", y en cambio manifestar "esta noche voy al cine", "hoy juego con mis hijos", "hago lo que me gusta", enfatizó. La clave está en estar bien predispuesto para el cambio, para aprender a disfrutar de las cosas simples de la vida y de lo que tenemos entre manos, agregó.

Por último, el médico recomendó aprender a descansar para reponer energías.

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