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 sábado, 05 de julio de 2003

Reflexiones
La Epumer

Sebastián Riestra / La Capital

No te perdonamos.

La niña de la guitarra, la discreta, dulce y silenciosa hasta el momento de cantar, cuando su voz tan delicada como ella iba hacia el aire y volaba en alas de canciones. La Epumer ya no está. Se la llevó una enfermedad de nombre triste como su propio adiós, tan absurda como su propia ausencia.

No te perdonamos.

Algo se quebró, algo ha partido. Ella, la del puro desenfado, la de las Viudas e Hijas, la grácil guitarrista que sostenía en los últimos años cada melodía de Charly con candor infinito, con dedos de hada buena, con alma de ángel sabio. Y que en Rosario no juntaba más de doscientas personas cuando aparecía vestida de solista. Qué importa eso. Ella no buscaba el éxito, buscaba la belleza y ya no está.

No te perdonamos.

La noticia llegó de golpe, increíble, fría, casi torpe. Hablaba de un final incomprensible y luego de una autopsia, de un edema pulmonar, de un entierro y también de los amigos, de García, Zavaleta, Kabusacki, Páez, Spinetta, Mavi Díaz. Hablaban de todo eso y no hablaron del dolor.

No te perdonamos.

Son muchas cosas que resumen una sola, simplemente otro hueco que queda en el cuerpo del rock "nacional", como quedó vacío el espacio de Tanguito, el de Miguel Abuelo, el de Luca, el de Federico Moura. Pero ahora es más cruel porque es ella la que ya no pulsará la guitarra con sus manos, la que ya no sostendrá con el acero tierno de su voz canción alguna, la que ya no volverá y para colmo de males se ha llevado con ella su sonrisa.

No te perdonamos.

Porque la Señorita Corazón nos ha robado parte del corazón al irse así, con tan poco cuidado por nosotros, que vamos a extrañarla. Y apenas empezaba a brillar, apenas despegaba con sus alas nuevas, apenas prometía con su pop translúcido y sereno un porvenir de melodías imposibles de olvido. Apenas empezaba a ser y ya no es nada.

No te perdonamos.

Estamos tristes y seguiremos tristes, cómo negarlo. Las palabras no alcanzan centro alguno, golpean en el puro vacío y vuelven lentas, cabizbajas, derrotadas. Hay que estar triste porque no hay alternativa. La Epumer se fue. Era "la Epumer" para todos y nadie la nombraba demasiado porque no hacía falta hacerlo para darle la importancia que tenía, la de la cosa real, la del talento no mezclado con las múltiples formas del comercio y la mentira.

No te perdonamos.

Y no te perdonamos porque te llevaste lejos nuestro a una de las pocas que tenían dentro suyo la semilla de futuros queridos, de mundos que se aprestaban a venir y ahora no vendrán, salvo que nosotros mismos los traigamos. No te perdonamos porque no había necesidad, porque no tiene sentido, porque no hay derecho, porque no queremos.

No te perdonamos, muerte.

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