 | sábado, 28 de junio de 2003 | Un trabajo liviano para matizar la espera La hora señalada para que el micro estuviera en la puerta del hotel para trasladar a los jugadores al complejo de Casa Amarilla era las 15.30, ya que la idea original era partir quince minutos después. Las agujas del reloj fueron corriendo y el profesor Guillermo Cinquetti comenzó a tocarse su cabellera con nerviosismo e inició un ida y vuelta al mejor estilo del Loco Bielsa. "Ya son las cuatro menos diez", acotó Russo para intranquilizar aún más al preparador físico. Ya el Profe se encaminó hasta la esquina de Santa Fe y Suipacha para otear el horizonte, sin embargo el bólido gigantesco brillaba por su ausencia. A las 16 Russo rompió el silencio y la espera de algunos jugadores en el acceso del hotel al ordenar: "Guille, Pájaro, Hugo, paremos varios taxis y arranquemos". Massei y Gottardi ahí nomás hicieron subir a los jugadores a distintos coches de servicio público para ir hacia el predio de Boca. Cuando el DT y los utileros estaban por ascender al último de los autos, llegó el ómnibus esperado y raudamente treparon la escalinata para salir echando vientos hacia la Ribera.
Una vez en el lugar, los jugadores trabajaron en una cancha de césped sintético, tarea a la que se acopló Gustavo Barros Schelotto, quien aunque no jugará hoy, viajó desde La Plata para cumplir con su trabajo.
Ejercicios físicos y fútbol-tenis fue la rutina del entrenamiento vespertino en Buenos Aires, el que se cumplió bajo una pertinaz llovizna. enviar nota por e-mail | | |