Año CXXXV
 Nº 49.632
Rosario,
martes  15 de
octubre de 2002
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"El aparato del Estado está sobrepasado"

Julio César Cueto Rúa es especialista en arbitrajes y por esa razón fue elegido para disertar en el acto inaugural del flamante tribunal rosarino. En diálogo con La Capital fundamentó el sistema en la sobrecarga de los tribunales ordinarios y en la necesidad de contribuir a la paz con nuevos mecanismos.
-¿Por qué es la hora de los arbitrajes?
-Porque con el sistema tradicional no es posible atender todos los conflictos que surgen en el seno de la sociedad. Se multiplican los conflictos y el aparato normal del Estado para solucionarlos queda sobrepasado por los hechos. Se necesita encontrar otro mecanismo, otro instrumento, que permita resolver pacíficamente las controversias. Una de esas formas es el arbitraje.
-¿Cuáles serían las diferencias más importantes entre arbitraje, mediación y jurisdicción judicial?
-La diferencia básica es que en el arbitraje no tenemos un juez del Estado. Se requiere un profesional para que arbitre la solución de una controversia con la autoridad que le dan las propias partes. Es como si en una pelea entre Juan y Pedro se ponen de acuerdo en que Carlos se encargue de resolver el conflicto. Tiende a facilitar que las propias partes en los litigios encuentren las respuestas para el conflicto. Esto de alguna manera es contrario a un criterio muy tradicional que nosotros heredamos de los romanos, centrado en la jurisdicción de los jueces y los funcionarios del Estado que administran el poder, la fuerza. Es una tradición que ha mirado con cierto desprecio todo mecanismo de solución de controversias que no tenga el sello del Estado. Y esto puede haber funcionado hasta el siglo pasado, pero cada vez, a medida que pasa el tiempo, el problema se hace más evidente.
-De lo que usted dice se deduce una gran confianza en la persona del árbitro.
-Justamente, la clave de este mecanismo está en que las partes depositen confianza. Sin ella, nadie quiere ceder una posición antes de la solución del conflicto, por la vía que sea.
-Y con la mediación, ¿cuál es la diferencia?
-El mediador es un agente catalítico. En persona, desencadena procedimientos y hechos, actos que llevan a la solución del conflicto. Es una presencia estímulo, un factor estimulante, cosa que no pasa con la sentencia del juez, en la que no se trata de estimular a nadie, sino de pautar una sanción por incumplimiento.
-¿Es apelable el laudo arbitral?
-Eso depende de cómo lo pacten las partes. Si las partes ya han depositado su confianza en el árbitro, generalmente se acuerda que el laudo es inapelable. Termina en primera instancia, digamos.
-De repente alguien podría tener una mirada crítica del sistema de arbitraje y, extremando los conceptos, hablar de que esto conduce a una privatización de la justicia. ¿Qué le diría?
-Es un poco un juego de palabras. ¿Qué queremos decir con privatización y qué con justicia? Si justicia quiere decir crear un procedimiento racional para solucionar la disputa entre partes, lo que se necesita es que las partes acepten. El problema es mantener la paz en el seno de la comunidad y evitar todo factor perturbador de la paz. Todo el mecanismo del derecho, su fuerza y su esencia gira en torno al valor paz. ¿En qué consiste la paz? En que yo me identifico con el otro y lo siento mi hermano.


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