Año CXXXV
 Nº 49.623
Rosario,
domingo  06 de
octubre de 2002
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Nuevo Senado, viejas sospechas y una certeza

Javier Felcaro / La Capital

Nuevo Senado, viejas sospechas y una certeza: la historia se repite, vertiginosa e implacable. Y hoy sacude a una institución que, mal que les pese a sus representantes, no sale del fango del descrédito.
La Cámara que hace casi un año se renovó a través de las urnas sigue cubierta por un manto de dudas e intrigas, que también roza a banqueros nacionales y extranjeros, tejido por el supuesto pago de sobornos para cajonear una ley considerada perjudicial por las entidades crediticias.
Nadie quiere hacerse cargo de los contactos que existieron durante el tratamiento de la norma, pero la convulsión es tal que los sospechados no dejan de regalar curiosidades.
Si bien la Justicia centró ahora su accionar en el consultor Carlos Bercún, será en vano apuntar solamente al lobbista y asiduo merodeador de pasillos parlamentarios.

Frase que quema
Días atrás, el juez Claudio Bonadío escuchó en boca de un banquero escocés: "Aquí es común el pedido de coimas". El hombre de negocios despegó estas palabras del escándalo, aunque el dato no es para nada menor.
Bonadío arrancó la investigación chocando de frente con el británico Thomas Catan, quien publicó el affaire en The Financial Times. La intentona de avasallar el secreto periodístico acarreó una dura reprimenda de la Cámara Federal. Ahora, su obsesión telefónica desembarca en el Congreso: investigará si hubo llamadas entre senadores, banqueros y, tal vez, Bercún.
Los senadores desplegaron su estrategia de distracción, depositando las dudas en los bancos. Y tampoco faltó la embestida (desde la UCR) contra Catan. Sin embargo, el corresponsal alumbró una clave: los hombres de negocios les solicitaron a los embajadores de Estados Unidos y Gran Bretaña que trabaran el acuerdo con el FMI hasta que se eliminaran las iniciativas que les molestan.
Los mensajeros, no obstante, recibieron más bombas, no letales pero sí de humo. Luis Barrionuevo (PJ), autor del proyecto en cuestión, culpó a la prensa por el desprestigio. Una posición corporativa, acompañada por un apego a la transparencia paradójico, si se tiene en cuenta que el catamarqueño dijo en su momento que nadie hacía plata trabajando y que había que salir "a quemar los bancos".
Hasta la acusación de "traidores a la patria" lanzada desde el Senado sirvió de excusa perfecta para los banqueros. Los medios no justificaron el fin, y el bloque del PJ se fisuró. En tanto, la Casa Rosada tomó distancia, aunque en despachos cercanos al presidente señalaron a los banqueros de ABA. Y Economía echó al asesor Bercún.
Pero ninguna chicana neutralizará la desconfianza. Es que el fantasma del escándalo de las coimas durante la inconclusa gestión aliancista, que se diluyó tras fagocitarse a un vicepresidente, sigue flotando. Si en Balcarce 50 aseguran que Eduardo Duhalde pendula entre la depresión y la impotencia, ¿qué queda para el resto de los argentinos?


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