Berlín. - La campaña electoral alemana tuvo un brusco cambio de tema cuando apareció Irak y la cruzada del presidente de EEUU, George W. Bush, para destronar a Saddam Hussein. Pese a que Schröder trató de bajar el perfil de la discusión interna sobre una eventual intervención militar en Irak, el tema volvió sorpresivamente al primer plano de la atención pública con las polémicas declaraciones de la ministra de Justicia, Herta Daeubler-Gmelin, comparando los métodos del presidente norteamericano con los de Adolfo Hitler. El debate se reavivó ayer con las declaraciones del redactor jefe del periódico Schwäbische Tagblatt (que publicó las afirmaciones), quien sostiene que la ministra "miente desvergonzadamente" cuando niega haber pronunciado la palabra "Hitler" durante la conversación con sindicalistas, en la que comparó los procedimientos de Bush. En todo caso, lo que quedó del incidente es un profundo deterioro de las relaciones con Washington, ya dañadas por la negativa categórica de Schröder a apoyar las posiciones belicistas de la superpotencia. El enojo de Washington por las declaraciones de la ministra de Schröder llegó a un punto extremo. Bush tiene hacia este caso "sentimientos muy fuertes", aseguró el portavoz de la Casa Blanca Ari Fleischer. Al mismo tiempo señaló que no cree mucho en la veracidad del enfático desmentido emitido por la ministra socialdemócrata. Pero en materia electoral la gran incógnita es si alguien sacará hoy ventajas netas como para liderar el país. Ninguno de los dos grandes partidos alemanes podrá alcanzar la mayoría absoluta sin el concurso de una coalición. La gran interrogante es qué alternativa permitirá la aritmética de los resultados. Del apoyo electoral que consigan los partidos pequeños dependerá que algunos de éstos, como Los Verdes o los liberales, puedan integrar el próximo gobierno. Paradójicamente, si los neocomunistas del PDS pudieran entrar nuevamente al Parlamento, habría menores posibilidades para Schröder de continuar con la actual constelación socialdemócrata-verde (la llamada coalición "roji-verde"). Pero también dificultaría una alianza entre democristianos y liberales, que sienten más afinidades en sus programas políticos. No se descarta tampoco una "gran coalición" entre socialdemócratas y democristianos, encabezada por el canciller Schröder y con la presidenta de la CDU, Angela Merkel, como vicecanciller y ministra de Relaciones Exteriores. El tema central de la campaña fue el del desempleo, que afecta a más de 4 millones de personas, y sobre el que Schröder apenas hizo mención en el acto final, responsabilizando del problema a la situación económica internacional.
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