Los festejos en las calles de Río de Janeiro son extraoficiales aunque, para los turistas, no menos emotivos ni deslumbrantes que los que se ven en el sambódromo. Los "drag queens" de la Banda Ipanema desfilaron por la famosa playa vecina a Copacabana con sus tacones altos, trajes de baños diminutos, plumas y mucho maquillaje. En el barrio de Santa Teresa, los participantes del tradicional Desfile Carmelita se preparaban ayer por la tarde para enfundarse nuevamente en sus disfraces de religiosas y bailar al compás de los tambores de la batucada. Alrededor del sambódromo miles de residentes sin boletos se abarrotaron contra las elevadas verjas y lograron presenciar el espectáculo desde un viaducto. Pese a que Río de Janeiro lideró siempre la estadística policial de crímenes, asaltos y accidentes durante los carnavales, fue San Pablo, la mayor ciudad brasileña con 16 millones de habitantes, la que aportó este año el mayor número de víctimas. Sólo en las carreteras del enorme estado paulistano, se registraron 34 muertos en 1.064 accidentes. En todo el país se hubo, hasta anoche, un total de ochenta víctimas fatales desde el miércoles pasado.
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