Año CXXXV
 Nº 49.386
Rosario,
domingo  10 de
febrero de 2002
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La humildad de los grandes

"Esto suena a egocéntrico, creo que sería mejor no mencionarlo en la nota", pidió Gustavo Olivera a este cronista luego de contar que junto a su equipo de trabajo gestionó ocho patentes internacionales para proteger sus ideas, que escribió seis capítulos de libros, más de 65 publicaciones científicas, que presentó más de 100 trabajos en simposios en los últimos meses en Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, España, Alemania y América latina, y que tiene ofrecimientos para dictar cátedras en cinco universidades de EEUU, dos en Canadá y una en España, Venezuela y Brasil. Pero, nobleza obliga, y a pesar de la humildad del científico, es digno destacar su trayectoria.
Olivera nació el 8 de julio de 1965. Se crió en Parquefield, en un hogar de la casi extinta clase media de aquellos tiempos. Hijo de Hugo y Martha Mainetti, estudió en la escuela Nº 199 Natividad del Señor.La secundaria la cursó en la Enet Nº 2 e ingresó a la UNR, donde obtuvo primero el título de licenciado en física y después el doctorado en física atómica.
En 1996 se fue a Francia donde trabajó en el Centro Interdisciplinario de Investigación con Iones Pesados en Caen, e incursionó en modelos computacionales para radiólisis del agua con iones pesados, los que son de interés para daño biológico por radiaciones. Luego trabajó en el International Center for Theoretical Physics en Trieste, Italia, donde tomó cursos en física médica.
"En el 90 había conocido al doctor John Cameron, que es uno de los padres de la física médica en el mundo y me sugirió hacer el doctorado en EEUU, pero decidí realizarlo en la Argentina. En 1994 vi un trabajo del doctor Thomas Rockwell Mackie sobre tomoterapia y me pareció genial. Pensé que eso era lo que había que hacer en radioterapia, y que en en algún momento me gustaría ir a trabajar allí", recordó.

Ideal para países en desarrollo
El aparato aún está en período de investigación y desde anteayer tiene la autorización para poder ser comercializado. Para Olivera "este proyecto es un muy buen ejemplo de colaboración entre ciencia básica, ciencia aplicada e industria, que es algo que sería muy beneficioso para países en desarrollo como la Argentina".
El investigador explicó que "la máquina generará tratamientos sumamente sofisticados e integrará gran parte de los departamentos de radiología, radioterapia y administrativo en un sólo equipo y a un costo mucho menor, también posibilitará que tanto un centro de salud con pequeños recursos y otro de mayor jerarquía ofrezcan tratamientos de similar calidad".
"Además -agregó- los costos de los tratamientos podrían ser reducidos ya que serían más cortos, y si se incrementa el control local del tumor el gasto en salud para cada paciente sería menor. Los especialistas en ciertas áreas podrán ofrecer consultas a distancia a través de Internet y la capacitación de los técnicos que operen el aparato (aunque siempre es importante su conocimiento) sería menos relevante en el resultado final del paciente. El equipo tiene posibilidades de autochequearse y ser reparado a distancia".


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