Año CXXXV
 Nº 49.386
Rosario,
domingo  10 de
febrero de 2002
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Primera B Nacional
Córdoba dejó escapar la gloria al final
Vencía a Instituto por 2 a 0, pero le empataron en el último minuto de descuento

Fernando Gabrich / La Capital

Algún simplista dirá que el fútbol es así: impredecible. Un cabulero se aferrará a su fe y sentenciará que el 2 a 0 es el peor resultado. El crítico en cambio será más categórico y sacará su teoría para remarcar los errores imperdonables. Y otros culparán al árbitro por dar esos interminables tres minutos de alargue. Pero, más allá de lo que digan unos u otros lo cierto es que Central Córdoba dejó el Gabino Sosa con la cabeza gacha. Es que había hecho méritos suficientes para ganar, pero su falta de experiencia lo condenó al sufrimiento. Y así, Instituto pudo disfrutar en la última jugada del partido de un empate que parecía imposible.
Parece que el mensaje de Palma fue claro y bien entendido. Córdoba salió a la cancha con una actitud que contagiaba a su gente. Una línea de cuatro siempre atenta al anticipo, cuatro gladiadores en el medio que metían y jugaban y dos puntas que tienen categoría de sobra para la divisional. El trámite pintaba accesible ante un Instituto que quería imponer su jerarquía, pero que sólo se quedaba en buenas intenciones.
Y así llegó el primer gol de la tarde. Iuvalé la robó en el medio, amagó a rematar e inteligentemente habilitó a Pavoni para que definiera con un toque suave ante la salida de Klimowicz. Gol y festejo. Apenas 11 minutos y el triunfo ya tenía merecimiento.
Pero la postura charrúa no mermó. Al contrario. La convicción de ser superior se imponía en cada jugada. Y llegó el segundo. Centro preciso de Valiente, frentazo de Gerlo y a cobrar. Y hasta pudo llegar el tercero, cuando Raymonda -gran habilitación de Pavoni- sólo ante el arquero la tiró arriba. Casi como un jugador de rugby.
Luego de esa jugada, Instituto se dio cuenta de que tenía que despertar. Y vaya si lo hizo. Maldonado se retrasó para generar juego en ataque, Jeandet -que se había errado un gol increíble debajo del arco- no se cansaba de luchar en el ataque y de a poco comenzaron a generar peligro al arco defendido por De Lemos. Y encima los charrúas se quedaron sin Pavoni (debió ser reemplazado por sufrir calambres) y Raymonda se estacionó por izquierda para hacer jueguitos que a esa altura resultaban improductivos.
El primer anunció de que la tarde de gloria se podia convertir en noche de lamentos llegó a los 81. Error charrúa en la mitad de la cancha, Maldonado lo aprovechó metiendo un pelotazo bárbaro para Moratalla, quien tiró el centro rasante para que Ríos, solo, la mandara a la red.
El miedo escénico se apoderó de la cancha. Porque si bien Córdoba parecía que podía aguantar, el empate daba vueltas en cada centro. Hasta que en el último desborde, Jeandet -le habían anulado tres goles- saltó más que todos y estableció la igualdad. Injusta por la actitud y las ganas charrúas. Merecida, al fin, por la inexperiencia de un plantel flaquedo por la crisis.



Raymonda no pudo mantener su nivel y el charrúa lo sintió.
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