Sydney, la ciudad más importante de Australia con 3,5 millones de habitantes, se vanagloriaba de contar con un millón de hectáreas de bosque en sus alrededores, mientras que el estado de Nueva Gales del Sur hacía lo propio con sus 146 parques naturales y reservas, y sus paradisíacas playas de arena blanca en un marco de plantas nativas del país. Hoy, medio millón de hectáreas quedaron carbonizadas y muchas playas se convirtieron en hogar temporal para los evacuados.
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