| | cartas Ley de necesidad y urgencia
| Existe un capitalismo con centro en países de derecha que desde siempre ignoró la desigualdad social. Existe una izquierda que habiendo perdido el principal referente en el este, acciona desde todos lados mediante teorías y trabas. En ambos sistemas, una minoría lucra con la situación y vive del producto que sale de la mayoría sometida. A poco que razonemos, veremos que: a) el capitalismo ha prestado a cada país del continente, la cantidad necesaria y suficiente para que queden indefinidamente bajo su control. El estrangulamiento deja a los pueblos en el límite y nuevos dolorosos ajustes serán necesarios para cumplir lo acordado; b) la izquierda con su eterna teoría, al no poder mostrar resultados, ha optado por empujar aún más al precipicio a nuestras pseudodemocracias. A poco que se razone comprenderemos que en nuestro caso, el arribo fue debido a un señor montonero que sufrió cinco años de prisión. Su antecesor, de tendencia solapada de izquierda, fue a su vez anulado por los del norte y tuvo que diluirse en una inflación con tendencia infinita. Todo esto en uno y otro caso es ejecutado por cerrados círculos políticos, con pactos, alianzas, arreglos e intermediarios que les permiten salir indemnes, con salarios y retiros, reajustables, exentos de impuestos de por vida, al margen de la crisis. El resultado está a la vista: atados al norte para siempre y descreídos de la democracia como se vio en las elecciones últimas. Esto se repite en los otros países del continente, lo único pronosticable serán crecientes levantamientos manejados por cómodos ideólogos siempre bajo la lupa del capital. En resumen, tenemos el país empeñado por el norte. Una democracia con partidos que sólo hablan de nivelar y socializar, durante las campañas electorales. Políticos que no han dado un solo paso para aliviar la situación social, aferrados a eternas leyes que los amparan. Nos resta sólo pensar en que alguna vez hubo en nuestro país un Belgrano, un doctor Maradona, un De la Torre, que dejaron todo por el país. Como última esperanza, confiemos en una ley de necesidad y urgencia que cubra los intereses de la deuda eterna, con la poda del haber de los políticos que supimos conseguir. DNI: 6.651.330
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