Rosario mostró ayer, durante la jornada del censo, un panorama extraño, contradictorio: mientras los comercios abrieron sus puertas, permanecieron vacíos durante la mañana, horario clave para cualquier sábado, y las calles estuvieron también desiertas. Es que la gente se quedó esperando a los censistas, y en todo caso salió una vez que cumplió con su deber cívico. Por eso, y a diferencia de los feriados tradicionales, los lugares públicos se fueron llenando de a poco. Eso sí, a medida que avanzó la tarde, y atraídos por un tiempo que obligaba a salir, espacios verdes y de esparcimiento se volvieron un pandemonio. "Pensé que iba a encontrar muchas más gente", dijo Armando (52 años), en pleno Parque de las Colectividades, mientras se dirigía hacia el Sunchales y prometía desde allí llegar trotando hasta el puente Rosario-Victoria. Y era cierto. Antes del mediodía era poca la gente que paseaba por los parques de la costa central. Pero el contraste más grande se vivió en las zonas comerciales, donde los negocios abiertos y esperaron a clientes que se hicieron rogar. Adrián (36) era ayer a la mañana, a eso de las 11.30, el "único cliente" de Falabella. O al menos así exageró después, cuando contó su impresión respecto del comportamiento de la gente. Similar situación se vivió en el Shopping del Siglo y el Palace Garden, tal cual comentaron habitués de estas galerías. También abrieron los supermercados Coto y La Gallega. En el local de 3 de Febrero y Presidente Roca de la cadena nacional comentaron que por la mañana el movimiento fue mucho menor que cualquier otro sábado. "La impresión que nos da es que pensaban que íbamos a tener cerrado. No sólo porque vinieron y se abastecieron el viernes, día en que tuvimos más gente que de costumbre, sino porque se asombraban cuando les decíamos que íbamos a abrir", contó Gustavo, empleado del lugar. El negocio esperaba que hacia la tarde aumentara la clientela, y estaba expectante de lo que ocurriría luego de las 20, cuando la actividad fuera libre para todo el comercio. "En general decían que esperarían el censo y después vendrían", recordó Gustavo. En La Gallega de Urquiza y Mitre aseguraron que hubo gente comprando, aunque no como en un sábado común y corriente. Las calles estuvieron desiertas por la mañana y pasado el mediodía. Pero a medida que fue avanzando la tarde el panorama comenzó a cambiar. La peatonal se llenó una vez más de puestos callejeros y el centro fue recobrando su ritmo comercial. Y el río, ni hablar.
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