Se reúnen en sus casas y alrededor de una mesa, entre tortas y mates, vuelcan sus inquietudes y los pedidos que cada una ha recibido. Previo a encarar una campaña benéfica verifican los datos del destinatario de la ayuda para evitar cualquier abuso o mentira. "Cuando nos hacen un pedido, para no tener sorpresas o ser estafadas, averiguamos antecedentes, vamos a la casa del solicitante, consultamos a médicos, vemos historias clínicas", detalló Pedrini. La historia del grupo Mano Solidaria transitó experiencias y muchas concreciones de ayuda. Comenzó en 1998, cuando un joven necesitaba un trasplante de médula. Se recaudaron fondos para medicación, internación y otros gastos. Luego se encararon otros proyectos. El caso de Johana, una nena de cinco años con leucemia, es otro de los logros del grupo. "La familia era gente trabajadora pero humilde, no tenía posibilidad de construir y necesitaba con urgencia una pieza para que la criatura estuviera aislada, con baño privado y azulejado, porque después de las sesiones de quimioterapia quedaba con muy bajas defensas. Se juntó el dinero y se abrió una cuenta en una casa de materiales de construcción y la pieza fue una realidad", recordó Graciela.
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