En diciembre de 1993, Rubén Godoy fue condenado a prisión perpetua por intento de violación seguido de muerte ocurrida el 10 de febrero de 1992 en Villa Gobernador Gálvez. La defensa planteó ante el organismo internacional que la sentencia fue arbitraria porque el albañil resultó condenado sin pruebas ni certezas. La víctima del hecho, Silvia Noemí Roldán, de 20 años, fue interceptada por un desconocido que intentó violarla y luego le pegó con una piedra en la cabeza causándole la muerte en el acto. Eso ocurrió frente a una casa de Almafuerte 2832, cuya propietaria presenció la escena. Godoy fue apresado porque un agente le encontró parecido físico con un fotofit efectuado por la testigo. Esa prueba fue cuestionada porque la mujer había visto al asesino de perfil y el fotofit fue confeccionado de frente. Godoy no fue reconocido en rueda de personas. Lo único que lo involucraba era su confesión ante la policía y un juez de Instrucción. Sin embargo, Godoy denunció haber sido sometido a torturas y tormentos policiales para hacerse cargo del hecho. Recién cuando supo que lo trasladaban a otro penal, negó haber cometido el crimen. "Me tuvieron colgado, esposado, me tapaban la cabeza con una bolsa y me metían en el agua. Me comí una paliza tremenda", relató Godoy durante una entrevista con este diario. Pero el tribunal consideró su declaración como una prueba inobjetable. Ahora la defensa planteó que la sentencia hizo caso omiso de los apremios y del estado psíquico de terror que sentía Godoy: "La confesión del inculpado solamente es válida si es hecha sin coacción de ninguna naturaleza", señaló.
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