U. G. Mauro
"Me tienen harta, saturada y podrida los reality shows. No sé bien para qué sirve ver a un montón de chicos amontonados en una casa franeleándose. Es como hacer voyeurismo y no me interesa", dijo la "cantante popular" -como prefiere encuadrarse- Sandra Mihanovich sobre la realidad actual de la televisión argentina, aunque aclaró que afortunadamente hay otras propuestas, pero igual sigue faltando una mayor presencia de lo musical en la tele. Mihanovich visitó Rosario para participar en un diálogo con el público dentro de un ciclo organizado por el Centro Cultural Bernardino Rivadavia. En diálogo con Escenario la hija de la popular periodista de "Telenoche" Mónica Cahen D'Anvers se explayó sobre su relación con la actuación, su ideal de televisión, sus gustos musicales y sobre su último disco "Todo tiene un lugar". -¿Es cierto que a los artistas les cuesta expresarse si no lo hacen a través de su arte? -Esto de charlar con el público no lo hago a menudo. La última experiencia que tuve fue en el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires y ahora aquí en Rosario, donde se generó una charla relinda. Lo que lo enriquece es la inquietud de la gente antes que lo que uno diga, por lo menos para mí es así. -A partir de que no se trata de preguntas que puedan ser previsibles, ¿te pones a la defensiva? -Como soy bastante franca y trato de compartir lo que me sucedió y me sucede, y sé que soy una privilegiada que hace lo que le gusta, entonces me da placer hablar de lo que hago. Obviamente, estoy más feliz haciendo un recital, que es mi mejor manera de expresarme. -¿El oficio te facilita no inhibirte? -No creas. Años atrás me hubiera costado horrores enfrentar algo así porque siempre fui muy tímida y retraída. Este año se cumplen 25 años desde que empecé a cantar y el contacto con la gente y los escenarios te enseñan mucho. -¿Una artista a la que le daba miedo la gente? -Y, al principio me daba un poco de temor porque uno a veces no sabe muy bien qué es eso que está ahí, del otro lado del escenario, hasta que la comunicación empieza a fluir y uno se da cuenta que, en definitiva, es gente que está emocionándose junto con uno. -Hablando de hacer lo que te gusta, ¿dónde te sentís mejor, actuando o cantando? -Yo soy cantante; el medio en el que me muevo con absoluta felicidad y fluidez es la música desde siempre. Por ahí lo que ocurre es que desde que empecé a cantar, tomé el rol de intérprete. Con mi hermano Vane, que es músico, crecimos juntos y por esas cosas de la vida él fue el autor y yo la intérprete, y ese hecho de ser intérprete me animó a hacer cosas como actriz. -Pero en los inicios de tu carrera hubo algún paso por la actuación... -Bueno, en cierto modo sí. Mi primer trabajo fue para un comercial de cigarrillos en 1976 y empecé a cantar. En el mismo año fui llamada por Alejandro Doria para trabajar como actriz. El fue mi mentor en la faz actoral. El me agarró de las mechas y me dijo que tenía que trabajar como actriz. -¿Y cómo viviste ese momento? -Yo sentí que me podía entregar a él para formarme, porque es uno de los tipos más talentosos del cine y la televisión argentina. Toda esa primera etapa -lo último que hice fue "Fiebre amarilla", una película con Graciela Borges y Dora Baret- era como un parto: sufría, sentía inseguridad y se me hacía difícil separarme del personajes. De ahí en más me pasé 20 años cantando. -¿Cómo fue retomar el trabajo en los sets? -Recién retomé el trabajo de actriz cuando hace 4 ó 5 años empecé a hacer comedias infantiles para chicos, cosa que disfruté como loca con canciones de María Elena Walsh y perdí el miedo al ridículo, me permití jugar y creo que esa experiencia fue la que, cuando llegó el momento de charlar con (Adrián) Suar para hacer "Vulnerables", ya acepté de otra manera. Por supuesto, con algún temor porque era un compromiso difícil. -¿Qué era lo difícil, el personaje o trabajar para Suar? -Las dos cosas. En primer término, estaba la responsabilidad personal de trabajar en lo actoral en un proyecto de esa envergadura y con gente de primera línea. Era ir a jugar en primera de entrada. Lo cual era atemorizante. -¿Pero trabajaste cómoda? -Sí, por supuesto. Eso pasa cuando estás rodeado de gente talentosa en cualquier ámbito. Uno de los que más me ayudaron fue Daniel Barone, que es gran director de actores y sabe qué hacer con la cámara porque maneja un lenguaje técnico maravilloso. Además todo el equipo siempre está al mango, cuidando a los actores. Fue trabajar en un equipo donde todos cumplían con lo suyo con pasión y con orgullo y eso es lo mejor que te puede pasar. -¿Eso es mérito de Suar? -El tiene muchas virtudes y una es armar elencos realmente sorprendentes en cuanto a las mezclas y diferencias que hay entre los componentes, mezcla actores de toda la vida con gente que nunca actuó, con gente trillada de la TV y del teatro y todo se condimenta bien, lo que sorprende permanentemente al espectador. Suar es, para mí, como un Hugo Moser renovado. Lo que era "La familia Falcón" hoy está en "El sodero de mi vida". Por supuesto que cuando me dijeron que yo no iba a estar, me dio recontrapena, pero Adrián (Suar) insistió en que el tema musical de su nuevo ciclo lo cantara yo, porque según él ese era un modo de estar presente. -A partir del estándar de calidad impuesto por "Vulnerables", ¿cómo ves la TV de hoy en general? - Creo que hay mucho de positivo. Hay productos -sin que esto sea mala palabra- de mucha calidad y variados, aunque me tienen harta, saturada y podrida los reality show, que me aburren soberanamente. -¿Adherís entonces a la consigna de "¡Viva la ficción!"?. -No pasa por ahí. Me parece bien que haya ficción, pero por ejemplo también dentro de ella faltarían algunos clásicos teatrales, algo que enfoque para otro lado: literatura o teatro argentino que a lo mejor es más árido para la tele porque tiene menos gancho. -¿Te molestan los reality shows? -No me molestan; me aburren. No entiendo qué ofrece eso de ver a un montón de chicos dentro de una casa franeleándose. Es como el voyeurismo y no me interesa. -¿Y qué más le falta a la TV? -A la TV de hoy hay que ponerle más música. Se lo extraña a "Badía y compañía", que permitía convivir a gente de distintos géneros. El único espacio importante lo tiene lo bailantero, cosa que yo no sacaría sino que agregaría otras cosas. Aunque parezca mentira se extraña a "Ritmo de la noche", en el que convivían muchas cosas.
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