Chancay, Perú. - En el centro de un arenoso pueblo pesquero, Alfonso Zapata aguarda ansiosamente la llegada del candidato presidencial Alejandro Toledo. Para él, Toledo es un hombre de raíces indígenas, nacido para gobernar como el más célebre emperador Inca. "Si gobierna nuestro país, lo va a hacer con la autoridad de Pachacútec", dice Zapata, de 62 años, refiriéndose a un gobernante del siglo XV, que amplió el imperio de los Incas a su máxima extensión antes de la colonización española.
Toledo, un economista educado en EEUU, ha apelado a las profundas divisiones raciales de Perú para consolidar el apoyo del que goza, convirtiéndose en el favorito para la segunda vuelta del 3 de junio, contra el ex presidente Alan García, un populista de tendencia izquierdista. El mayor apoyo a Toledo viene de los "cholos", gente de piel cobriza, cuyos ancestros indígenas renunciaron poco a poco a sus costumbres andinas en los últimos 40 años, para migrar a las ciudades y pueblos costeros, donde la mayoría se ubica en la más baja escala social.
Toledo tiene de 10 a 13 puntos más que García en las encuestas, aunque una consultora dice que su ventaja es de sólo 4 puntos y que el candidato aprista va en ascenso en los sondeos de opinión. Su aparición ha vuelto a encender el poco discutido tema del racismo en la política peruana. Ningún mestizo ni indígena ha sido alguna vez elegido presidente en Perú, aunque varios de ellos llegaron al poder a través de golpes militares.
La historia de Perú ha sido la de los criollos -la elite europea nacida aquí- que domina a los indígenas y mestizos, o a la gran mayoría producto de mezclas raciales. El historiador Juan José Vega advierte que el racismo está profundamente enraizado en el pasado de Perú, al punto que José de San Martín, un prócer argentino, mestizo de piel oscura, que en 1821 proclamó la independencia de Perú del poder español, es representado en un retrato en el Congreso como de contextura delgada y de claros rasgos caucásicos.
De los 26 millones de peruanos, un 80% son indígenas y mestizos, 15% son blancos, y el resto son descendientes de africanos y asiáticos. En sus discursos políticos, Toledo, de 55 años, relata a sus simpatizantes la manera cómo superó la pobreza hasta obtener un doctorado en la universidad estadounidense de Stanford y trabajar para el Banco Mundial. Sus colaboradores arengan a las masas a corear "¡Pachacútec!, ¡Pachacútec!", mientras el candidato promete crear 2,5 millones de empleos, aumentar los salarios y dar acceso a Internet a los escolares peruanos más pobres.
Toledo está casado con Eliane Karp -una pelirroja antropóloga belga- que habla quechua. Ella ha estado a su lado casi toda la campaña, invocando a los espíritus de las montañas a "romper la maldición de los 500 años" de opresión y pregonar la inevitable llegada del "gobierno cholo" de su esposo.
Cholobús folclórico
Mientras Toledo se dirige a Chancay, 50 kilómetros al norte de Lima, a bordo de su "Cholobús", música folclórica andina, con letra escrita en base a sus ofrecimientos, se escucha por un altoparlante. Las alusiones raciales en la carrera presidencial son evidentes hasta en la música de campaña de los candidatos. En comparación con el tono melancólico de un instrumento musical andino, llamado antara, en la música de Toledo, los avisos publicitarios de García en radio y televisión, lo muestran cantando un conocido vals criollo de Perú, originario de la costa con ritmos afroperuanos y toques de armónica latina.
Toledo bajó el tono de su marcada retórica racial después que García, de 52, sugirió durante su reciente debate presidencial que su oponente estaba practicando la misma clase de demagogia que le ayudó a Fujimori a ganar el apelativo de "El Emperador" por su autocrático estilo de gobierno. "No hubo nada más todopoderoso que Pachacútec, que era un Inca emperador", dijo García. "Ojalá no pasemos de un emperador japonés a un emperador tipo Pachacútec".