Año 48.998
 Nº CXXXIV
Rosario,
lunes  15 de
enero de 2001
Min 21º
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Luis Felipe Noé hace una apología de la pintura en el Museo Castagnino
El destacado artista expone una gran retrospectiva con motivo de haber ganado el premio Rosario 2000

Fernando Farina

Luis Felipe Noé se metió en el arte con tanta pasión como con convicción crítica. Durante más de cuatro décadas cuestionó y propuso, defendió la pintura y sin embargo la problematizó hasta límites que lo llevaron a hacer cosas que poco tenían que ver con los pinceles. Volvió a la tela y la sacó del bastidor, dejó que lo influyera la calle y no dudó en seguir reflexionando aun cuando descubrió la potencia de la naturaleza. Es que para Noé todo es siempre un principio, cada nueva obra un planteo y su vida misma una manera de luchar en la búsqueda de verdades.
Recorrer su muestra retrospectiva que, con motivo de haber obtenido el premio Rosario 2000 de la Fundación Castagnino, se expone en el museo, permite ver cómo a lo largo de estos cuarenta años, su referencia es fundamental. No se puede pensar el arte argentino sin él. Y no se trata sólo del pasado, de aquellos fines de los 50 y principios de los 60 cuando con el grupo de la Nueva Figuración -con Deira, Macció y De la Vega- marcó una ruptura fundante. Corresponde hablar en cambio de una actitud, una forma permanente de preguntarse sobre las cosas y descreer, al mismo tiempo, de las modas.
Convencido de que la pintura es un lenguaje, siempre tuvo algo que decir, y lo hizo muchas veces a través de paradojas para revelar aquello que parecía oculto en el discurso del arte y de la historia. En este sentido, que Noé haya sido distinguido con el premio Rosario 2000 (que otorga la Academia Nacional de Bellas Artes y está auspiciado por el banco Bisel, que paga una obra para el museo) puede parecer sólo un dato, pero para la ciudad es por demás importante, ya que hasta el momento no había ninguna obra suya en la colección del Castagnino. Mientras, Noé sigue luchando por sus convicciones a través de los pinceles y la palabra. En un momento en el cual no pocos hablan de la pintura en un tiempo pasado -advierte el artista-, yo la practico creyendo que lo nuevo que nos revelan los cambios tecnológicos reside ante todo en la concepción y visión del mundo, más allá del medio que se utilice para manifestarlas. No se trata de formular lo nuevo con una concepción antigua -algo así como los primeros automóviles concebidos como coches tirados por caballos- sino, por el contrario, de asumir nuestro tiempo con todas las posibilidades que tengamos a mano.


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