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 miércoles, 13 de julio de 2005  
La intervención profesional logra revertir el cuadro en un 80%
El estrés postraumático afecta a los televidentes

Florencia O'Keeffe / La Capitañ

Carmen nunca estuvo en Pasteur 633. Ni ella, ni ninguno de sus familiares o allegados. Es más, Carmen ni siquiera vive en Buenos Aires. Sin embargo, cuatro meses después del 18 de julio de 1994 y luego de padecer insomnio, pesadillas y palpitaciones, inició un tratamiento psicológico por estrés postraumático. Es que Carmen no se despegó un minuto de la televisión ni de la radio cuando se enteró que la Amia había volado en pedazos apagando 85 vidas y provocando cientos de heridos. Esas imágenes del horror se instalaron de tal manera en su mente y en su corazón que se convirtió en una de las tantas víctimas de un episodio trágico.

La psicología describe como víctimas cuaternarias a las personas que no estuvieron en el lugar de los hechos, que no conocen a nadie que haya estado, que no intervinieron profesionalmente, pero que vivieron una tragedia como si fuera propia a través de los relatos de terceros o de los medios de comunicación. Ellos pueden sufrir las mismas consecuencias psíquicas que aquellas que participaron del episodio en forma directa. Entre otras consecuencias el estrés postraumático constituye uno de los efectos más serios y complejos.

La celeridad con que se traten los síntomas con apoyo terapéutico influye directamente en la posibilidad de mejoría. Está descripto que el cuadro empeorará de no recibir el tratamiento indicado, como también si se demora la consulta con un profesional. Un cuadro de estrés postraumático no atendido puede derivar en adicciones, depresión e incluso suicidio.

Irritabilidad, dificultad para conciliar el sueño, falta de concentración; evitar lugares, personas y sonidos que recuerden el hecho; imágenes que aparecen en forma recurrente y que rememoran lo vivido, se anotan entre los síntomas propios del estrés postraumático. Se trata de un trastorno psiquiátrico que puede aparecer en cualquier persona, independientemente de su edad y del modo en que haya participado de la tragedia (una guerra, una toma de rehenes, la muerte violenta de un ser querido, un atentado, una violación).

El trauma es algo demasiado intenso como para ser procesado y se instala de manera tal que se vuelve desproporcionada la relación entre lo que la persona tiene que procesar y su capacidad para hacerlo. Daniel Mosca, jefe del servicio de Estrés Traumático del Hospital Alvear de Buenos Aires, coordinador de Equipos Humanos del Same e instructor de Emergencias Psiquiátricas, explicó a La Capital que existen tres formas de responder a una situación "potencialmente" traumática (no se habla de "situación traumática o hecho traumático" ya que más allá de lo espectacular o masivo del evento la repercusión es siempre individual): que a la persona no le pase nada, ni en un primer momento, ni nunca; que desde el inicio tenga síntomas; que no los tenga en el primer momento y aparezcan a largo plazo, incluso años después.

Estas reacciones competen a personas que padecieron el hecho directamente (víctimas primarias); familiares, amigos o vecinos (víctimas secundarias); los profesionales intervinientes, como psicólogos, bomberos, médicos (víctimas terciarias) y a quienes toman conocimiento del hecho por relatos o por los medios (víctimas cuaternarias).

"En cualquier caso, lo importante es saber que un trauma librado a su curso natural (sin tratamiento adecuado) no sólo se mantiene a lo largo del tiempo sino que empeora", señala Mosca. Por lo tanto, se torna fundamental que quien estuvo expuesto a un hecho potencialmente traumático o manifiesta síntomas, sea derivado lo antes posible a un profesional.

¿Por qué cuando sucede un hecho dramático que afecta a muchos el porcentaje de personas que consulta a un psicólogo o psiquiatra es tan bajo? Mosca asegura que hasta los mismos médicos tienden a minimizar el impacto. "Se suele decir que lo que le sucede a las personas en esas circunstancias es normal. Si estuviste en una discoteca donde murieron tantos jóvenes es normal que no puedas dormir y que no puedas sacarte las imágenes de la cabeza... Pensarlo así es muy peligroso porque una cosa es que lo sucedido sea un recuerdo importante en su vida y otra que sufra una patología invalidante como el trastorno por estrés postraumático".

Cabe destacar que quienes reciben tratamiento pueden revertir en un 80 ó 90 por ciento los síntomas, dependiendo del equipo tratante y de la celeridad con que se efectúe la consulta. Un dato a considerar es que el tratamiento suele incluir apoyo psicoterapéutico y farmacológico.

"Actualmente, de cada 5 chicos sobrevivientes de Cromañón, uno está medicado con antidepresivos. Con el tiempo, el 70% puede llegar a estar medicado", señala Mosca.

El psiquiatra aseguró que la concurrencia a grupos de autoayuda no demostró eficacia alguna para el abordaje del estrés postraumático. "La intervención grupal puede ser útil en un primer momento, pero nosotros no la alentamos porque aunque el impacto sea social, la afectación siempre es individual y por ende, el tratamiento también".


La familia
La reacción del entorno de una víctima de estrés postraumático es uno de los factores que contribuyen directamente en la recuperación del afectado. "El tratamiento, el apoyo familiar y el apoyo social pueden hacer la diferencia entre que una persona termine con una patología o no", dice Mosca.

La contención, el amor, la colaboración de los familiares y amigos apura la recuperación, al igual que el apoyo social. Como ejemplo de lo que no debería ser, Mosca señala lo ocurrido después de la guerra de Malvinas: "Fue una guerra repudiada socialmente, y en ese sentido poca ayuda le hemos brindado a esos muchachos", reflexiona.

¿Qué deben hacer las personas allegadas a una víctima de una tragedia? "Además del cariño y la contención afectiva no deben dudar en llevarlo a la consulta profesional y alentarlo a que no abandone el tratamiento", concluye.
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Las víctimas cuaternarias son las que viven una situación límite a través de relatos o imágenes.

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