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 miércoles, 24 de diciembre de 2003

Preocupación de la Iglesia por corrupción y situación social

Los mensajes de Navidad de los obispos denotaron una profunda preocupación por las sospechas de corrupción en el Senado y la falta de respuesta a las demandas sociales de millones de argentinos, aunque sí dejaron traslucir signos de esperanza.

Reivindicaron, asimismo, el papel de la familia "sólida y estable" y convocaron a robustecerla dado que -al entender eclesiástico- sin esta institución "insustituible" no será posible "ni un país mejor, ni una sociedad digna, armónica y feliz".

"Nuestro país continúa enfrentando una penosa crisis social. La justicia, la equidad y el reconocimiento de la dignidad de todos continúan siendo virtudes ausentes, ante la insaciable apetencia de poder y la voracidad económica de muchos sectores", afirmó monseñor Eduardo Mirás (Rosario).

El titular del Episcopado advirtió además que "el horizonte se agrava con la duda de que la ley pueda comprarse o negociarse como mercancía y con la experiencia de que algunas veces adhiere a posiciones enfrentadas a derechos inalienables".

En idéntico sentido se pronunciaron los seis obispos de Río Negro y Neuquén al hacer un balance del "tortuoso" camino de la democracia de los últimos años: "No se quebró todavía la destructiva gravedad de los pecados sociales que claman al cielo: una corrupción que parece resistir, el descaro de quienes transfieren sus capitales al exterior, el quiebre del sistema jurídico, la inseguridad y el aumento de la brecha entre unos pocos privilegiados y multitudes de marginados".

Monseñor Marcelo Melani (Neuquén) consideró en particular que "hay muchas oscuridad acechando la realidad, debido a la corrupción, los chicos desnutridos, el escandaloso abismo entre ricos y pobres, la desocupación, la soberbia, las familias destrozadas y la violencia sin límites ni códigos".

Monseñor José María Arancedo (Santa Fe) pidió que los argentinos puedan mirar "con esperanza y compromiso el futuro de nuestra patria, dado que ella hoy reclama la sabiduría del diálogo y un espíritu de grandeza que nos permita superar la pequeñez de los internismos políticos, de los enfrentamientos estériles y del recurso a la fuerza para sostener justos reclamos como de la violencia represiva, estas actitudes nos alejan como personas y nos incapacitan para encontrar soluciones serias y estables".

"Si dejamos atrás las coimas y la dádiva, la corrupción y la injusticia social, el consumismo de unos a consta de la desnutrición de muchos. Si los cristianos pudientes arriesgan negocios no para simples ganancias personas sino como fuentes de trabajo para millones de desocupados. Recién ahí podremos hacer una revolución única y admirable como la que aconteció en Navidad", reflexionó monseñor Esteban Hesayne (emérito de Viedma) en su mensaje.

Por su parte, monseñor Baldomero Martini (San Francisco-Córdoba) sostuvo que "celebrar la Navidad con Cristo es volver a la fuente del amor, que nos hace superar el egoísmo que mata, daña e hiere a la sociedad; es volver a la fuente de la verdad que disipa tantos errores que hoy se difunden, engañando a los pequeños".

Monseñor Joaquín Piña (Puerto Iguazú) estimó que la Navidad es un buen momento para el "reencuentro y para, en familia, pensar un poco en el que está solo, en los que sufren, ya sean enfermos del alma o del cuerpo, y agradecerle a Dios".

En tanto, monseñor Héctor Villalba (Tucumán) subrayó que la Navidad es "la fiesta de la familia", ya que ante el pesebre pasan "los valores primordiales de la vida: la infancia, la casa, la mesa tendida" y bendice a todos con el deseo de invocar "la alegría, la paz, la honradez, el amor y la prosperidad".

Monseñor Pedro Ronchino (Comodoro Rivadavia) afirmó, asimismo, que "es posible no sucumbir ante tanto mal y vivir los valores auténticos. Esos que se aprenden y se transmiten en la familia. No tendremos nunca ni un mundo ni un país mejor, si no robustecemos esta institución insustituible para una sociedad digna, armónica y feliz".

Monseñor Domingo Castagna (Corrientes) explicó que "el que nace es Dios encarnado que aparece en nuestra realidad convulsionada y herida" y destaca que "El no recurre a otra manifestación que su gesto de amor por los hombres, sin espectacularidad, en el aparente anonimato de quien expone toda la verdad sin reclamar nada ni dejarse usar políticamente por los poderosos de su tiempo". (DYN)

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