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 domingo, 28 de septiembre de 2003

Tipos y factores

Existen dos tipos de estrés laboral, el llamado episódico (una cesantía, por ejemplo) y el crónico, que se puede presentar cuando la persona se encuentra sometida a situaciones desfavorables que plantea un ambiente laboral inadecuado, sobrecarga de trabajo, alteración de ritmos biológicos, responsabilidades y decisiones muy importantes, o también una estimulación lenta y monótona.

Entre las condiciones laborales inadecuadas que provocan estrés se pueden contar falta de luz (o luz muy brillante), ruido excesivo o intermitente, vibraciones, aire contaminado, y alta o baja temperatura. Estos factores requieren una doble adaptación, tanto física como psicológica.

También está la sobrecarga de trabajo que genera estrés por sobreestimulación. Se presenta por exigencias psicosensoriales violentas, simultáneas, numerosas, persistentes y variables. Exigen una adaptación fuera del límite normal. Es frecuente que se presente en controladores aéreos, obreros en cadena rápida y compleja, trabajadores sometidos a cambios continuos y abundancia de información (como los periodistas), las víctimas de catástrofes, emigrados, y los ingresadores de información a sistemas de computación.

El estrés por sobreestimulación genera tensión nerviosa, fatiga, irritabilidad, crisis de decisión, ansiedad, confusión, embotamiento, desconcentración.

La alteración de ritmos biológicos es otro factor que provoca el mal al modificar las constantes biológicas determinadas por el ritmo circadiano determinado a su vez por las secreciones hormonales, los ciclos del sueño y el ritmo metabólico. Requiere un alto esfuerzo adaptativo, generando irritabilidad, disminución de la concentración, trastornos del sueño, fatiga, ansiedad, además de provocar modificaciones en la vida social, conyugal y sexual. Se presenta en trabajadores nocturnos, pilotos de líneas aéreas y azafatas, controladores aéreos, personal de sanidad y de seguridad, trabajadores del transporte, diplomáticos, y atletas profesionales.

El estrés del personal jerárquico es disparado por responsabilidades numerosas y variables, trabajo intelectual excesivo, tensión psicológica continua, inseguridad laboral, competencia, búsqueda de la eficacia, marcha contra reloj, y la adaptación a situaciones nuevas y datos inestables.

Es frecuente que quienes lo padecen acumulen factores de riesgo e inadecuación familiar y social por falta de tiempo y agotamiento físico.

Por el contrario, la estimulación lenta y monótona genera subestimulación. Provoca falta de estímulo normal y fisiológico de los sentidos y del pensamiento. Se presenta, por ejemplo, en el trabajo rutinario y automatizado que no permite la creatividad y el pensamiento independiente, en casos como las cadenas de trabajo lentas y monótonas, jubilación brusca, vacaciones excesivamente tranquilas.

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