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 domingo, 07 de septiembre de 2003

Para beber: Cura con vino

Por Gabriela Gasparini

Hace poco se me acercó un tanto perturbado un conocedor de vinos a reprenderme por algo que yo había comentado en televisión. Lo que no recuerdo es si en sus dichos la muerte quedaba del lado suyo o mío, o sea no sé si me quería matar o suicidarse por culpa de mis decires. El hecho es que en el programa se opinaba sobre el vino y la salud y yo deslicé que la uva más beneficiosa según los datos presentados en distintas investigaciones sería la Cabernet Sauvignon. Bien, el señor en cuestión me aclaró que había cometido un gravísimo error al aseverar eso, ya que era la cepa Malbec la que más bondades prodigaba a la hora de la dieta.

Le hice saber entonces que mis afirmaciones se debían a lo que había leído en estudios publicados sobre el tema y que si ahora los resultados eran otros, por mi parte no tenía noticias. El se fue todavía algo alterado y yo me quedé pensando. En el mentado ciclo estábamos hablando de la paradoja francesa, y en Francia la Malbec, si bien tuvo su época de gloria, sobre todo en algunos lugares como en Cahors, también es cierto que estuvo a punto de desaparecer hace algunos años y que hoy se utiliza en proporciones bastante menores.

Teniendo en cuenta que el estudio Mónica de la OMS sobre la influencia de la dieta y el vino en la salud se comenzó en el •89, difícilmente lo que les haya hecho bien a los mediterráneos estudiados fueran vinos elaborados con la uva insignia argentina. Si a eso agregamos que ahora hay una paradoja española que decididamente tampoco puede estar refiriéndose a dicha uva, sólo cabe convenir que este hombre se estaba refiriendo a la paradoja argentina de la que yo no estaba ni enterada, cosa que bien puede ser.

Ante la duda torné a buscar nuevos informes y todos volvían a llevarme a la Cabernet Sauvignon y a sus flavonoides. Entre tanta búsqueda encontré este escrito útil para ponerle un poco de humor a esta historia de creerse que en el saber de vinos se va la vida, y que a veces me hace pensar que con tanto revuelo alrededor del jugo de uvas fermentado la cosa se fue de madre.

En su libro "Nueva guía de descarriados", José Fuentes Mares dice: "... considero de interés dedicar algunas líneas a sus virtudes (las del vino) higiénicas, terapéuticas, con argumentos que adopto del libro Soignez vous par le Vin, escrito por el doctor E.A. Maury, ex presidente de la Royal Homeopatic Clinic en la capital británica. Afirma el doctor Maury que cualquier ciudadano normal invierte en médicos y medicinas lo que más placenteramente y con resultados semejantes gastaría en vino, pues en el precioso caldo se encuentran trescientos tipos de minerales, fosfatos, calcios y vitaminas más asimilables, a su través, que mediante la ingestión de productos farmacéuticos. Los vinos blancos son ferrosos, recomendables en casos de anemias, en tanto que los tintos, ricos en aluminio y potasio, son indicados para combatir la alta presión arterial. Más no contento el doctor Maury con tales generalidades analizó tierras y climas hasta probar que los vinos de cada región contienen diversas cualidades terapéuticas." Por favor no quiero quedar enredada en esos equívocos que siempre surgen. No estoy diciendo que el vino cure absolutamente nada y lo que hay son sólo estudios aceptados por unos y discutidos por otros. Pero estos desacuerdos bien valen una copita de vino para superarlos.

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