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 domingo, 10 de agosto de 2003

Confesiones. Lole aún no decidió cuál será su futuro
Las palomitas de la virgen y un destino político incierto
Críticas a los políticos que no pusieron la cara durante la inundación. Los motivos del aval a Hammerly

Viernes 8 de agosto. Seis de la mañana. Carlos Reutemann ingresa después de larguísimos días al Hospital de Niños de Santa Fe, el mismo que la inundación había convertido en un riacho. Le cuesta contener la emoción.

La llegada del gobernador sorprende a las enfermeras y a las mamás que con sus chiquitos en brazos esperan para ser atendidas. "¿Cómo está todo?", pregunta, mientras su rostro deja ver las marcas de sentimientos contenidos. "Gobernador, ¿por qué no vino ayer a la reinauguración?", pregunta alguien, mientras el amanecer tarda en desperezarse y la noche le sigue cerrando las puertas al día. El Lole hace una mueca indescifrable, saluda a un nene enfundado en un gorro con los colores de Boca, mete las manos en los bolsillos y apenas si dice: "Esto es para ustedes". El gesto de asombro de un grupo de mujeres se mantiene aun cuando Reutemann ya emprende el camino de salida.

Por su cabeza pasan, cuadro por cuadro, aquellas imágenes que le quedaron del día en que apareció a dar la cara en el nosocomio y todo era desolación. "Es curioso, fue la única vez que en el mano a mano me insultaron. Y todo porque estaban las cámaras de televisión. Ahí entendí de qué se trataba: empecé a salir a la medianoche en el bote, casa por casa, preguntando qué necesitaban. Nadie me cree, pero con la inundación perdí años de vida", revela.

Reutemann está convencido de que ningún habitante de la capital provincial volverá a ser el mismo después de la tragedia, pero también se le "revuelven las tripas" al ver a algunos políticos haciendo campaña en nombre de "la reconstrucción de Santa Fe cuando con el desborde del Salado estuvieron bien lejos del lugar de los hechos".

Por eso prefirió no ir a la reinauguración del hospital. "Esto es muy personal, no necesito cámaras ni demagogia. Sólo yo sé de las pesadillas que tuve, de los días enteros sin dormir, de esa sensación de impotencia que produce ver a la gente llorando por haber perdido a sus seres queridos, sus bienes, sus recuerdos personales", lo escucharon comentar, haciendo malabares para no quebrarse.

Hay anécdotas, miles. Pero el gobernador prefiere que no se blanqueen para evitar la frivolización. "Me llevo todo a la tumba", suele decir en algunos de sus brotes nihilistas.

Algún recuerdo se filtra. Reutemann golpeando la puerta de una casa baja cercada por las aguas. "¿Quién es", preguntó el morador. "Soy yo, el Lole. ¿Necesita algo?". El hombre que lo mira a los ojos y le dice que no, que todo va normalizándose. "Bah, sí. Quiero pedirle algo: que venga al cumpleaños de mi hija".

El titular de la Casa Gris siente que durante los últimos tres años una ola gigante se le vino encima. "Si aceptaba ser candidato y era elegido presidente hubiese sido el primer jefe del Estado inundado", imagina.

Ahora lo que se le viene encima es la campaña electoral y quiere hacer todo lo posible para ayudar a Alberto Hammerly. "El es un buen tipo, serio. Un poco apocado, tímido. Ojalá le vaya bien", dice en la intimidad.

Pero se sorprende por la "hipocresía" de muchos candidatos a intendente de la capital. "A mí se me caería la cara de vergüenza el simple hecho de ir a pedirle el voto a un tipo que perdió lo poco que tenía. Pero algunos son como las palomitas de la virgen", sorprende frente al gesto de ignorancia del cronista. "¿Nació en el campo y no sabe qué son las palomitas de la virgen?. Eran palomas chiquitas... Si les pegabas, las viejas te decían que ibas al infierno. Bueno, ahí tenés a varias. Hubo algunos, incluso, que fueron funcionarios del gobierno de (Fernando) De la Rúa y no trajeron ni un forro pinchado a la ciudad de Santa Fe. Hoy son candidatos con chances...", se encrespa el gobernador.

"A veces me pregunto: ¿para qué carajo me rompí la cabeza evitando los bonos, haciendo cuentas hasta último momento y poder pagar en término a los empleados del Estado, a los jubilados? Ahora parece que los que obligaron a la gente a cobrar papel pintado y les dejaron de pagar a los maestros son estadistas? Me voy a ir a vivir a Entre Ríos. O a Santiago del Estero... Nina y el viejo (Carlos) Juárez van a quedar como estadistas", se lo escucha refunfuñar.

Reutemann, aunque no lo diga en público, no tiene definido su futuro. Lo del adiós a la política es una hipótesis. "Qué sé yo si me voy a vivir a Europa. Todavía no lo pensé", repite en la intimidad. Si Obeid es electo gobernador no tendrá demasiadas ganas de disputar la presidencia del PJ santafesino. "Le entregará la banda, le dirá buena suerte y después Dios sabrá...", revela uno de sus fieles.


Un "concheto" con ducha de izquierda
"De algo me convencí: la gente quería un cambio de aire. Si yo ganaba y venían Bush, Schroeder, Aznar y Chirac a anunciar que nos perdonaban la deuda y nos ponían en el Primer Mundo, al otro día algunos diarios hubiesen hablado de «un gobierno entreguista»", dicen que comenta, mientras se sorprende por el viento de cola que llega desde el sur: "Hasta un concheto que conozco está encantado. ¿No lo leyeron? El tipo está en Punta del Este y dice: «Es fascinante pegarse una ducha de izquierda»".

Mientras el mediodía del viernes rosarino continúa gélido, el Lole prefiere hablar de la masa hídrica, los porqués del desborde del río Salado, el estado de las napas y el nivel de lluvias departamento por departamento. Explica, gesticula y parece tener un mapa adentro de su cabeza. Parece una manera de querer alejar ese fantasma que lo persigue desde que, con la única compañía de un baqueano, pasó madrugadas enteras sin dormir rescatando inundados de los techos de las viviendas.

El también fue pasajero de una pesadilla.

M.M.

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Reutemann visitó el hospital de niños de Santa Fe.

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