Año CXXXVI
 Nº 49.837
Rosario,
sábado  10 de
mayo de 2003
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Desastre. Especialistas analizan cómo cubrirse de fenómenos extremos
El clima dispone pero el hombre propone
Más allá de la adjudicación de responsabilidades, comenzó el debate sobre cómo evitar nuevas tragedias

La catástrofe del centro norte de Santa Fe desató una ola de acusaciones cruzadas sobre la responsabilidad en la prevención y contención del siniestro. A pesar de la tregua pedida por el gobierno provincial, que no debería ser muy larga a riesgo de que se transforme en amnistía, organismos públicos, especialistas y productores ya comenzaron el necesario debate sobre la reformulación de una estrategia integral y sustentable que permita prevenir y manejar los caprichos de la naturaleza, sobre todo en una región que comparada con otras del planeta es menos objeto de fenómenos extremos.
Dese hace ya varios años, la región pampeana y la mesopotamia convive con inundaciones y situaciones de exceso hídrico. Esta vez fue el Salado santafesino pero también viven situaciones extremas la cuenca del Salado bonaerense o zonas como la que circunda a la laguna La Picasa.
Luis Blotta, experto en climatología del Inta Pergamino, explicó que el mayor nivel de precipitaciones en la región obedece al corrimiento de las hisoietas a partir del inicio de un ciclo húmedo en 1970 que, según estiman los especialistas, comenzará a decaer hacia el año 2020. "En Pergamino, por ejemplo, la diferencia entre el promedio de lluvias del ciclo húmedo y del ciclo seco de 1920 a 1970 es de 200 milímetros, pero dentro del ciclo hay una variabilidad muy grande, pueden haber diferencias de 500 milímetros como así también puede haber años muy secos". Eso explica, agregó, la extensión de la frontera agrícola hacia nuevas zonas, como el Noroeste o Traslasierra. Este año, el fenómeno de El Niño agregó un elemento adicional ya que se está extinguiendo y provocando un otoño con lluvias por encima de lo habitual, como advirtió oportunamente el Inta.
A este cambio de clima, que Blotta desatribuye a explicaciones como las del efecto invernadero, se agrega la particularidad de los suelos. El geólogo Egidio Scotta describió que "el gran generador de agua excedente que produce erosión o anegamientos es, al menos en gran parte de la región pampeana y el Litoral, la presencia de suelos con subsuelo (horizonte B) de muy baja permeabilidad".
Reconoció que este tema comenzó a "importar" cuando se intensificó la producción en las nuevas zonas y, si bien aclaró que la agricultura genera más agua excedente que otros sistemas productivos, prácticas como la siembra directa contribuyen a que esos excedentes sean menores.
No todos coinciden con esa apreciación. Algunos ven en esa práctica un vehículo para la expansión de la soja a expensas de la ganadería, otros cultivos que permiten una mayor infiltración de agua y, sobre todo, de los montes naturales.
Para Guillermo Midulla, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, "está claro que hay un cambio de clima que excede la acción del hombre pero conviene preguntarse si los modelos productivos que se están adoptando no contribuyen a agravar el problema. Hoy si desmontás un tambo y hacés soja nadie te dice nada, fenómeno, pero el Estado tampoco hace los estudios o las obras que tengan que ver con contener las consecuencias de esa decisión".
Para Blotta, "en los últimos 10 años el paradigma para el estudio del clima se ha revolucionado y hoy se sabe que la mayor influencia en Sudamérica está dada por los océanos". El resto "tiene un impacto a nivel local y no es para desatender pero no hay que confundir la siembra de soja con precipitaciones de 100 mil litros de agua en 10 minutos para las cuales no hay suelo que aguante".
El especialista sí opinó que con la información disponible, la previsibilidad de los fenómenos meteorológicos es cada vez mayor. "Hoy se sabe que la tormenta que afectó a Santa Fe se generó 8 días antes en el anticiclón antártico, a 8 mil kilómetros de Santiago de Chile, lo que es más difícil de realizar es el pronóstico local, es más improbable saber con exactitud si ese frente seguirá hasta el Atlántico o, como pasó acá, se desviará y encontrará el combustible en el viento del norte, autogenerando un fenómeno extremo".
Esta dificultad, subrayó, no significa que no se pueda prever. "De hecho, hay muchísimas organizaciones nacionales e internacionales siguiendo cada movimiento del clima, el problema es que como todo es probabilístico, decirle a una autoridad que en seis meses hay posibilidades de que en determinadas regiones puedan producirse lluvias por encima de lo normal es como un médico que le diga a una familia: en el 2005 alguno de ustedes va a tener cáncer. No todo el mundo lo toma en serio".
La mayor facilidad existente para los "pronósticos largos", a su juicio, obliga a atacar el tema con soluciones de fondo. Desde realizar obras de infraestructrua atendiendo los ciclos largos del clima "y no sólo las recurrencias de los últimos siete años", hasta la coordinación de todos los organismos intervinientes en el tema y, sobre todo, la instrumentación de un sistema de alerta temprano.
Puso el caso de los tornados en Estados Unidos. "Allí, con radares meteorológicos y todo, a veces recién se sabe que un tornado va a arrasar tal localidad veinte minutos antes, pero en esa ciudad desde chiquito el tipo que vive ahí participó en miles de simulacros y sabe hasta qué pilas tiene que ponerle a la linterna cuando pasa un fenómeno así".
En 1997, luego de las inundaciones provocadas por el fenómeno del Niño, comenzó a trabajar un equipo intergubernamental bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete. Entre las primeras medidas, se decidió avanzar en la licitación de una red de radares meteorológicos en la región pampeana y la Mesopotamia. La crisis de 2001 y el default de 2002 impidieron llegar a buen puerto ese proceso. Para esa misma época, un proyecto dirigido por la FAO determinó que en materia de prevención de fenómenos climáticos extremos, lo único que le hacía falta a la Argentina era coordinar la actuación de las diferentes jursidicciones y organismos.
Las discusiones entre provincias para manejar los excedentes en la zona de La Picasa son un ejemplo de lo poco que se avanzó en eso. Precisamente, en Santa Fe, un grupo de productores que sufrieron problemas hídricos en distintas cuencas de la provincia creó hace unos seis años una comisión de afectados por los desmanejos hídricos.
Uno de sus integrantes es Eduardo Salleras, presidente comunal de Aarón Castellanos. Durísimo opositor a las gestiones de Hidráulica que se sucedieron en los últimos 12 años, el funcionario y productor se abstiene de "hacer leña del árbol caído". Pero sí advirtió que "esta tragedia, por la magnitud que tiene, debería ser el punto de partida para que las cosas cambien, para que se haga un proyecto integral de cómo aprovechar el agua y no sufrirla, de que se termine con la anarquía en la canalización y que se se pongan los recursos en las obras en las que hay que ponerlas".
Esteban Hernández, su compañero en la comisión, señaló: "Lo de Cañada de Gómez fue un aviso, pero nada se avanzó desde ese momento, podés no tener plata para hacer una obra de infraestructura pero no podés dejar de hacer un sistema de alerta temprana".
De hecho, en el caso del desborde del Salado, avisos de anomalías en las precipitaciones hubo, a tal punto que hubo productores que tomaron las previsiones que pudieron. Distinto es el caso del casco urbano, donde la información del clima y su interpretación no es un "insumo" vital para la actividad.
Angel Girardi, de Aprocaboa, alertó sobre la falta de una política global que integre todos los aspectos del manejo de las aguas. "Empezando por los propios drenajes, cualquiera sabe que cuando se hace una canalización se tiene que empezar de aguas bajo hacia arriba, aquí hay lugares donde se ha hecho todo lo contrario", subrayó.
Para Scotta, no es necesario resignarse a convivir con las inundaciones. "Las soluciones son técnicamente factibles, al menos en gran parte", dijo y agregó que un proyecto integral de drenaje debe combinar obra pública, a través de un sistema colectores, y obra privada, a través del drenaje predial "que requiere de profesionales con capacitación teórica y práctica".



Coordinación y alerta temprana, claves para prevenir. (Foto: Hugo Ferreyra)
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