Año CXXXV
 Nº 49.553
Rosario,
domingo  28 de
julio de 2002
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Las discos sólo recaudan un promedio de $2,50 por persona, entrada incluida
Los jóvenes, más gasoleros que nunca al salir de noche
La mayoría del público ingresa con freepass, o con entradas de dos, tres o cuatro pesos

Daniel Leñini / La Capital

Las disco más importantes de temporada -esto es, casi todas excepto Madame, Satchmo y Década, que funcionan en el año- están cerca del cierre y acumulando fuertes deudas debido a la caída de consumo de los jóvenes y la competencia despertada por los bares convertidos en última moda.
El promedio de 6 pesos por concurrente que recaudaban hasta el año 2000 cayó fuertemente hasta lánguidos 2,50 pesos que formaron la media en el primer semestre de 2002. Ese es el número que se repite con disgusto y al unísono en el ambiente: una disco con mil personas que antes hacía de caja de 6 mil a 7 mil pesos hoy anda cerca de los 3 mil.
A mediados de la década del 90 la entrada promedio era de siete pesos y pagaba el 70 por ciento del público. Ahora la mayoría son freepass (pases libres) acompañados por un elenco de entradas con descuentos de dos, tres o cuatro pesos (con consumición) que abona menos de la mitad.
Los bares, minimercados y pancheros quitaron, además de una buena porción de clientes, el sueño a los dueños de las disco. Antes resultaba imposible ver gente en bares a las tres de la mañana pero ahora es una postal que se puede apreciar en Càpital (Oroño y Güemes), Jimmy Wheelwright (Brown y Riccheri), Soho (Alvear y Salta) o Casimiro (San Luis y Suipacha).
Allí hay música y acercamiento, ingredientes antes exclusivos de las disco, así que mucha gente -y, en este caso, un público de 20 a 30 años que puede consumir- no siente la necesidad de continuar la marcha en la pista.
En el caso de los adolescentes y secundarios, los bares más concurridos ("donde les dan un porrón por dos o tres pesos, les ponen música y los tienen sentados toda la noche", según el dueño de una disco) son El Muro (Rioja y Buenos Aires), Freepass (Rioja al 2300), Chiringo (Dorrego y San Juan) y otro en Mitre y Tucumán frente a la Plaza del Che. Además de innumerables maxikioscos.
La Capital pudo saber de fuentes precisas que numerosos integrantes de sociedades plantean por estas horas el abandono del negocio, sofocados por deudas de alquiler que en algunos casos suman más de seis meses de atrasos. Se trata de empresarios que un par de años atrás invirtieron 60, 100 mil pesos o más en complejos de la costa o por avenida Rivadavia.
Otros también sienten que se les viene la noche; por ejemplo, Varela (Corrientes al 400) que ya cerró los viernes y sábados y solo mantiene los jueves para universitarios. "No haré declaraciones", cortó en seco a La Capital José Iribarren, manager.
Aquí aparece otra cuestión: los estudiantes universitarios se quedaron sin dinero. Antes motivaban el funcionamiento de tres o cuatro peñas (Flashvaca, Varela, Garage, las más conocidas) en tanto ahora sólo quedó Varela, los jueves, y con un público reducido de 18 a 20 años. Los de más de 21 parecen estar planchados y lejos de la pista. "Hay universitarios que no tienen un peso y se mantienen comiendo alfajores; están flacos y esperan el fin de semana para ir al pueblo y comer mejor", explicó un promotor, perteneciente a un centro de estudiantes.

Cambio de hábitos
La devaluación trajo sus efectos en la barra: el whisky importado, como por ejemplo el J&B cuya medida antes salía seis pesos y ahora 12, junto a algunos champagnes y el Baccardí, parecen haber desaparecido.
"Ahora se volvió al Blenders, Old Smuggler o Criadores", dice Diego Prince, RRPP de Satchmo, disco que convoca a un público cercano a los 30 años. "O al reemplazo del champagne Chandon por Diego de Alvear o por vinos espumantes" como el blanco New Age o el Fresita.
Prince, que señaló llevar 14 años en la actividad, dijo que comparado con mediados de los 90 la realidad "cambió muchísimo" y que resulta todo un ingenio "mantener determinados servicios con recaudaciones menores".
Apuntó que los boliches, desde hace un par de años, comenzaron a hacer promociones dentro de los hoteles, en acuerdo con los titulares, para ganar a los turistas, y que en ese aspecto "resulta llamativo que los funcionarios de turismo omitan la importancia de la actividad nocturna".



Antes los freepass eran para conocidos, ahora hay para todos. (Foto: Hugo Ferreyra)
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