Año CXXXV
 Nº 49.499
Rosario,
martes  04 de
junio de 2002
Min 8º
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Reflexiones
El nuevo "ser adolescente"

Mónica Silva y Dora Suárez (*)

Si nos ubicamos en un aquí y ahora del mundo adolescente y si quisiéramos entender algunas de sus actitudes, implicaría necesariamente considerar el contexto social, cultural, político y económico en el cual ellos se desarrollan y se manifiestan. Tiempo atrás se difundieron noticias según las cuales los adolescentes de nuestra ciudad salieron a pedir por el medio boleto estudiantil, que tanto necesitan para poder llegar hasta las diferentes escuelas a la que ellos asisten.
Sabemos que atravesamos nuevos tiempos donde los
cambios son vertiginosos e intensos con fuertes contrastes: de conflictos y descontentos, de idas y vueltas, de derrumbe de los valores, de desaparición del empleo, de falta de seguridad y ausencia de justicia e igualdad y aún así, presenciamos la lucha de los adolescentes por mantener el derecho a la franquicia del medio pasaje en el transporte urbano sintiéndose sometidos a los veredictos de los políticos y de la economía de turno. Los jóvenes están disconformes y con su pujanza y actitud de resistencia y con la fuerza reestructuradora de su personalidad tratan de modificar las decisiones de los empresarios y los políticos.
¿Qué nuevos jóvenes adolescentes tenemos en
nuestra sociedad? Ellos algunas veces son observados y cuestionados por los adultos, hoy buscan la forma de abrir fecundos espacios donde se construya una propuesta distinta y solidaria para una sociedad más democrática. Una adolescente escribía: "somos diferentes a los grandes... marcamos un rumbo... necesitamos luchar... vemos con otros ojos". Los adultos, ¿sabemos entender sus decires?
El carpetazo, el corte de calles, la presencia en el Concejo y en el Palacio Municipal, fueron algunas formas de manifestación ante aquello que le quieren quitar: el medio boleto estudiantil. A lo mejor nos pueden asustar con la forma de sus reclamos ya que quieren transmitirnos su vitalidad, las nuevas energías, las posibilidades creativas de cambio, movilizándonos a todos y recordándonos la importancia de defender los derechos que se tienen.
La inserción del adolescente en el mundo social del adulto va modificando su personalidad e ideologías. Los adolescentes saben lo que quieren, ya no lo plantean "como si" sino que enfrentan el "sí" y el "no" de la realidad y en el mismo momento que ellos se plantean la realidad nacen ideales nuevos y
adquieren posibilidades de
lucha para conseguirlos. Henry Giroux nos dice: "los estudiantes tienen recuerdos, familias, religiones, sentimientos, lenguajes y culturas que les dan una voz peculiar. Podemos asumir esa experiencia críticamente o podemos ir más allá de ella. Pero no podemos negarla".
Esta forma de lucha de los adolescentes nos hace posicionar en un lugar donde no debemos ignorar los saberes de ellos porque son portadores de decisiones y significados. Los adultos tenemos que saber oír, estar abiertos, ser receptivos para poder captar los mensajes, los sonidos y los silencios... los jóvenes recobran la confianza en sí mismos, se han descubierto capaces de luchar y peticionar con el otro, empiezan a analizar la realidad, proponen acciones, participan y nos sorprenden con su capacidad de sujetos críticos para afrontar las problemáticas cotidianas que a todos nos atañan. Davini, M.C. nos recuerda: "hay un nuevo interlocutor histórico, portador de lenguajes y referencias culturales".
Los debates y las propuestas en torno a la franquicia del medio boleto estudiantil emergen con fuerza en estos momentos críticos, sea por la insatisfacción respecto de los logros, o sea por los procesos de cambio. En cualquiera de los casos los debates tienden, a lo largo de la historia, a concretar procesos reformistas en el sistema pretendiendo inaugurar una nueva etapa.
Sus pasos por la adolescencia los obligan a enfrentar cotidianamente la incertidumbre de un presente que acumula los problemas del pasado y las exigencias de un futuro.
A los adolescentes los necesitamos sanos, para garantizar el pensamiento; abiertos y flexibles, para aceptar todas las propuestas; lúcidos, para que puedan devolverle a la sociedad la parte de la responsabilidad que les corresponde; en movimiento, para saber que están vivos y con esperanzas. Porque si bien es cierto que algunos adolescentes pasan, otros pasan y generan procesos que dejan una huella imborrable.

(*) Docentes


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