Año CXXXIV
 Nº 49.293
Rosario,
miércoles  07 de
noviembre de 2001
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Crecimiento lento
La deficiencia hormonal en adultos
Hospitales de Córdoba y Buenos Aires participan de un programa de seguimiento de pacientes

La hormona de crecimiento (GH) es una sustancia fundamental para un desarrollo saludable de los niños, y hasta no hace muchos años, se consideraba que perdía importancia cuando el paciente llegaba a la adultez. En los chicos, su déficit se detectaba por una baja estatura o crecimiento muy lento en comparación a los demás. Así, se desarrollaron terapias de reemplazo que permiten corregir esta carencia.
Sin embargo, los adultos que por algún motivo tienen un déficit de esta hormona también experimentan un deterioro de su salud. Esta sustancia, segregada por la glándula hipófisis (o pituitaria), estimula la reproducción de diversos tipos de células, incluidas las óseas, y acelera la formación de proteínas. También influye en el metabolismo de las grasas y los azúcares y tiene influencia sobre la sensación de bienestar y la calidad de vida.
La Argentina participa del Programa de Control y Seguimiento de Adultos con Déficit de Hormona de Crecimiento, una iniciativa internacional que comenzó en enero de 1994 y que documenta la seguridad de la terapia con GH en adultos con insuficiencia de hormona. Todos los informes son incorporados a una base de datos conocida como KIMS (Pharmacia Internacional Metabolic Database), y cuenta con datos de 6.000 adultos y 40.000 niños tratados con esta hormona.
Del estudio participan 8 centros de salud de la ciudad de Buenos Aires, los hospitales Alvarez, Francés, Alemán, Pirovano, Santa Lucía y Durand, y los hospitales de Niños y de Clínicas de Córdoba.
Algunos aspectos de la investigación consisten en detectar si la frecuencia del déficit de hormona del crecimiento es la misma en la Argentina que en el mundo, cómo incide, y cuáles son sus efectos y evolución a largo plazo. Así, se podrán establecer normativas de seguimiento y tratamiento. El objetivo es recoger datos de pacientes tratados en todo el mundo sobre incidencia de fracturas, insulinoresistencia, morbimortalidad cardiovascular y calidad de vida, entre otros aspectos.
En los últimos años se agregó un grupo control al que pueden agregarse pacientes con déficit de GH que por diversas razones (resto de tumor en la hipófisis, decisión personal, dificultades socioeconómicas u otras) no reciben el tratamiento de reemplazo. Este grupo permitirá medir con mayor exactitud los efectos de la terapia con hormona de crecimiento.

En adultos
En las personas ya desarrolladas, la falta de hormona de crecimiento provoca alteraciones en la composición corporal (reduciendo masa y fuerza muscular), disminución de la densidad mineral ósea (con mayor riesgo de fracturas), aumento de la llamada obesidad central, es decir, grasas en el abdomen que incrementan el riesgo cardiovascular, y sentimientos de depresión, irritabilidad, ansiedad, aislamiento social y soledad. Es por ello que, desde hace unos 10 años, comenzó a utilizarse también la terapia de reemplazo en adultos.
Dado que la experiencia en este campo es relativamente escasa, se realizó en Buenos Aires un simposio sobre el déficit de hormona de crecimiento, coordinado por la Unidad de Endocrinología del Hospital Alvarez, y auspiciado por Pharmacia. Durante el encuentro, los médicos compartieron los resultados de sus investigaciones y de la terapéutica con hormona de reemplazo para tratar la deficiencia. Asimismo, se concientizó a los profesionales sobre los signos de alarma para detectar este trastorno, ya que pueden confundirse con otras enfermedades y pasar desapercibidos.
En los niños, la deficiencia de hormona de crecimiento puede ser un defecto aislado que afecte sólo a esta sustancia, y que al crecer se normaliza en el 40 al 70% de los casos. En cambio, en los adultos el déficit de GH significa generalmente una enfermedad hipofisiaria, como por ejemplo un tumor o un traumatismo de la hipófisis.
Si bien es difícil calcular la incidencia de este problema, se estima que 1 de cada 10.000 habitantes tendrá enfermedad hipofisiaria en la adultez, y por lo tanto tendrá un déficit de hormona de crecimiento. Tomando a los adultos que sobrevivieron a una infancia con deficiencia de esta hormona y continúan con ese déficit, la prevalencia sube a 2 o 3 cada 10.000 habitantes.
Los síntomas para detectar un déficit de hormona del crecimiento en el adulto son muy diversos y poco específicos. Los más significativos son: disminución del bienestar psicológico, aumento de los síntomas de angustia, y con frecuencia más aislamiento social. Desde el punto de vista físico, los afectados tienen menos energía, menos fuerza, ya que sufren un aumento en la grasa corporal -que tiende a concentrarse en la parte central del cuerpo- y una disminución de la masa muscular. También tienen niveles más altos de colesterol en sangre, y por consiguiente, aumenta su riesgo de enfermedad cardiovascular y accidente cerebrovascular. Es muy común que disminuya su densidad mineral ósea, con mayor riesgo de fractura, en particular de algún hueso largo o de las vértebras de la columna.
Los pacientes que presenten estos signos deben ser evaluados clínica y bioquímicamente a través del dosaje de esta hormona bajo una prueba de estímulo.
La detección del déficit de GH en el adulto suele partir del diagnóstico de un tumor en la hipófisis, que se manifiesta a través de síntomas como presión sobre los nervios ópticos, llevando a menor agudeza visual, y a una disminución de la visión central y del campo visual.
La otra forma frecuente de descubrirlo es por los signos de deficiencia de hormonas esteroideas, que son sustancias que también se fabrican en la hipófisis. Esta glándula produce hormonas en determinada secuencia; cuando se afecta, la primera hormona que se ve comprometida es la de crecimiento, porque en primer lugar afecta el bienestar, después afecta el eje de reproducción y por último altera la producción de hormonas esteroideas.



En niños, el déficit se trata con terapias de reemplazo.
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