Año CXXXIV
 Nº 49.102
Rosario,
domingo  29 de
abril de 2001
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El intérprete cocina de lunes a viernes por la televisión argentina
Rodolfo Ranni: "El paladar no es de amianto"
El actor habló de sus platos preferidos y la relación de olores y sabores con la seducción y los recuerdos

J.L.Cavazza

Salmón rosado en crema de berros, ravioles de ricota a la fiorentina, berenjenas a la parmesana, pollo al romero, brótola a la milanesa con bróccoli o bacalao al uso nostro. Ningún plato le opone resistencia a Rodolfo Ranni que, como chef de la tele argentina, suele utilizar pilchas muy especiales: bermudas, zuecos, gorro tipo Piluso, delantal y repasador colgando.
Con su programa "Ranni en su salsa", el actor ocupa el lugar que durante varias temporadas tuvo Karlos Arguiñano en Canal 13: de lunes a viernes, de 11.30 a 12.
Acompañado por un chef, Ranni cocina y cuenta anécdotas. El programa está grabado en una casa quinta con pileta de San Isidro, en cuyo jardín cada tanto todo el equipo se reúne a comer un asadito.
El hilo conductor de la charla de Ranni con Escenario fue, obviamente, la comida, y los temas colaterales los recuerdos, los olores, el amor, el sexo, las costumbres y la actuación. Para chuparse los dedos.
-Si Karlos Arguiñano es un cocinero con un gran sentido del humor, ¿vos qué sos?
-No sé bien, quizá un actor que le gusta la cocina.
-El cambio sería un actor por un cocinero y un tano por un vasco...
-En alguna medida todo está relacionado, porque quienes producen el programa pertenecen a la productora de Arguiñano.
-¿Y quién elige las comidas?
-Ellos me dan una lista de comidas y yo le pongo o le saco de acuerdo a mi criterio. La idea del programa es recuperar la cosa simple y sencilla de las comidas cotidianas en las casas, en oposición a la avalancha de una sofisticación culinaria con elementos y decoraciones en los platos que en la mayoría de las casas es imposible hacerlo en forma cotidiana. Y menos aún el uso de condimentos exóticos y carísimos, que la gente no sabe dónde comprarlos ni tiene la guita para hacerlo.
-¿Qué tenés en cuenta cuándo mostrás un plato por la tele?
-Fundamentalmente hay una cuestión de imagen que uno tiene que cuidar, aunque ni siquiera buscamos un colorido. A propósito, yo no decoro los platos porque mi mamá nunca me decoró el plato para dármelo cuando yo volvía del colegio. Después, hay que buscar que no sean recetas caras, porque desde un medio masivo no podemos estar alejados de la crisis que vive la gente común en Argentina. El hecho artístico, por decirlo de alguna manera, es que la gente piense que es como que yo estoy cocinando en mi casa y con ellos ahí, contando anécdotas y charlando de distintas cosas. Mi intención no es enseñar a cocinar, sino mostrar cómo lo hago yo.
-¿Cuándo y cómo nació esa relación tuya con la cocina?
-Yo normalmente cocino en mi casa porque es algo que me gusta hacer. Es muy creativo y me gusta hacerlo para la gente que yo quiero: mi familia y mis amigos. A partir del programa de TV "Los machos", donde yo era el que cocinaba, explotó la idea de hacer alguna vez un espacio de cocina. Me tentaron varias veces y siempre me había parecido de que el mercado estaba saturado de este tipo de cocineros por televisión que, a mi juicio, se podían contar con los dedos de la mano a quienes hacían recetas viables. Yo advertía siempre de que no se podía hacer nada original en ese tema, hasta que me dijeron: "Lo original es que lo haga usted". Y así me convencieron. Creo que estamos bastante cerca de lo que queríamos hacer.
-¿Cuál es tu plato preferido?
-No tengo uno en realidad. De todos modos, si tengo que invitar a alguien a comer a mi casa, por una cuestión de origen ya que me crié cerca de un puerto de mar, seguramente voy a pensar en algo de pescado. Me gusta muchísimo el bacalao y sé que lo hago bien, pero no tengo especialidades.
-¿Es cierto aquello de pescado sólo con vino blanco?
-No, no, para nada. Yo tomo vino tinto con cualquier clase de comida. El único vino blanco que tomo es el champán, que es un vino con el que podés acompañar desde asado, pasando por el pescado hasta la pizza. De todos modos, no hay reglas, cada uno toma lo que pide el paladar y lo que tiene ganas. El paladar no es de amianto. No hay que ser rígido y menos con la comida y la bebida. A mí, por ejemplo, no me gusta el vino blanco pero además me hace mal, me produce acidez.
-Un plato ¿entra por el olor o por los ojos?
-Yo creo que entra por los aromas, pasa por la vista y después llega al paladar. Pero lo primero es el olor. Vos entrás a una casa y no ves lo que están cocinando, lo olés. Pero creo que es una respuesta muy personal. Es más, yo odio los perfumes, porque me gusta el olor natural de la gente y no estoy hablando del olor a transpiración. A mí la gente, también, me entra por los olores. Una mina puede ser monísima pero si huele como a mí no me gusta, se terminó el encanto. Bueno... con la comida es igual.
-¿Hay olores que te ponen nostálgicos?
-Hay olores de mi infancia en Italia que yo los revivo constantemente. Por ejemplo, una buena pasta e faggioli que en el norte hacíamos como minestrone, porque tiene un olor muy particular. Pero fundamentalmente mi infancia es el romero, que en el norte de Italia se usaba mucho.
-¿Esos aromas vienen acompañados de buenos o malos recuerdos?
-A través del tiempo los recuerdos se transforman todos en buenos por que han crecido con uno. Aún recordando algo terrible como la guerra y una bomba cayendo arriba de una casa. Bueno... son recuerdos de uno.
-¿Existen las recetas afrodisíacas?
-Creo que eso es medio folclórico. Lo que pasa es que a partir de que te lo dicen el bocho empieza a funcionar y uno cree que esa comida tiene sus efectos colaterales. Al contrario, creo que uno debe estar bien de la cabeza para que la cosa funcione realmente (risas). De todos modos, está bien que la gente piense que los mariscos, los pescados en general, las aceitunas ayudan... Lo que sí creo que más que la comida lo que ayuda es el entorno, es decir, una mesa preparada con calidez y los sabores, pero no creo que la comida sea afrodisíaca.
-¿Cómo relacionás a la comida con la seducción?
-La comida tiene muchísimo que ver con un antes y un después de la cuestión amorosa y del acto del amor en sí. Pero si estás enamorado chupás un clavo y te parece que son codornices. De todos modos, en unas anchoas al horno con un chorrito de aceite de oliva uno deposita con más agrado lo que siente en su corazón, aunque, equivocadamente, si te fue muy bien ese día podés llegar a decir: "¡ah!, esto se hace con anchoas" (risas).
-Pero a una mujer no la invitarías a comer clavos...
-No, le prepararía alguna comida que tenga que ver con el mar, especialmente langostinos o calamares, además del ajo, el romero y el vino blanco.
-¿A pesar de la mala fama de los ajos?
-Sí, pero yo no los pico mucho; generalmente los pongo enteros y no los dejo que se quemen. ¿Viste que a veces quedó el ajo entero y blanco, pensás que es un ñoqui y te lo comés? Y no pasa nada.
-¿Qué punto en común encontrás entre cocinar y actuar?
-Tiene mucho que ver, porque si vos actuás y un personaje maneja al actor vas a sufrir muchísimo, y el espectador nada. Y con la comida pasa lo mismo, si dejás que te maneje y no controlás los sabores y las medidas justas, vas a pensar que hiciste una comida extraordinaria pero la gente que la va a comer no sintió nada particular. También tiene que ver con el amor con que cocines. Por ejemplo, mi abuela tenía una hermana y las dos amasaban pan, pero el pan de mi abuela era más rico a pesar que seguían la misma rutina para hacerlo. Evidentemente, la temperatura de la mano de mi abuela no era la misma que la de su hermana, o quizá no lo hacía con tanto amor como mi abuela. En el teatro el cuerpo es el que piensa y la comida sale bien cuando el cuerpo está montado en lo que uno está haciendo. Hay un movimiento, una excitación inconsciente cuando uno está cocinando. Si ese día el cuerpo vibra la comida sale perfecta, pero si ese día estás mal la comida seguramente no saldrá nada bien.
-¿Por qué se dice que las pastas deben comerse sin pan?
-Eso es mentira. Lo que pasa es que si vos comés los spaghettis con dos cucharas tenés ambas manos ocupadas, por lo tanto tenés menos tiempo para comer pan. Pero la costumbre, aún en Italia, es el cacho de pan en la izquierda, el tenedor en la derecha y comer los fideos sin enroscar en la cuchara. Yo no los puedo comer sin enroscar. Sé que es una costumbre napolitana, porque en el norte de Italia llegan a cortar y partir los fideos por la mitad. Son costumbres diferentes, nada más.
-¿Quién cocina en tu casa?
-Generalmente cocino yo, aunque mi mujer cocina muy bien, y las chicas están aprendiendo. Para mi orgullo, ellas acostumbran a decir que "no hay como el olor de los domingos de la comida de papá".



Ranni dijo que siente excitación cuando cocina.
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