Año CXXXIV
 Nº 49.088
Rosario,
domingo  15 de
abril de 2001
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"Trece días", donde es productor y actor, se estrena el jueves
Kevin Costner: "Sigo siendo fiel a mis creencias"
El actor da su versión sobre "la crisis de los misiles" que sacudió al mundo a comienzos de los años 60

Gabriel Lerman

Los Angeles.- Con grandes éxitos en su filmografía como "Los Intocables", "El campo de los sueños", "Sin salida", "JFK", "Robin Hood: príncipe de ladrones" y "Wyatt Earp", además de un Oscar al mejor director por su debut en "Danza con lobos", Kevin Michael Costner gozaba de una carrera perfecta hasta que en 1995 la ambiciosa "Waterworld" hizo agua por todos lados. Un segundo y estrepitoso fracaso, esta vez como protagonista y director de "El mensajero", hizo tambalear aún más su posición de figura líder de Hollywood.
Hoy Costner ya no tiene derecho a los monstruosos salarios que se pagan a los actores más taquilleros, pero lo mismo sigue ocupando un lugar preferencial. El aduce que está más preocupado por hacer buenas películas que por recuperar su sitial entre los que más cobran.
En "Trece días" ("Thirteen Days"), película que se estrena el jueves próximo en Rosario, Costner, además de producirla, hace revivir desde la mirada de un asistente de los Kennedy, Kenny O'Donnel, los dramáticos trece días en que Estados Unidos y la ex-Unión Soviética estuvieron a punto de llegar a la guerra nuclear, a partir de la instalación de misiles nucleares en Cuba. Sin profundizar en lo ocurrido más allá de la Casa Blanca, el filme muestra las intensas negociaciones entre John F. Kennedy (Bruce Greenwood), su hermano Robert (Steven Culp), sus asesores y los jefes militares y de inteligencia.
-¿Cual fue el desafío de dramatizar un evento que los que tienen la edad como para recordarlo creen que saben todo sobre él?
-Yo no hubiera podido hacerlo, el desafío fue para el guionista, una persona que ha destinado su vida a escribir y que sabe cómo llevar algo a la pantalla. Si uno se fija en el trabajo que hizo pareciera que lo ha hecho sin esfuerzo. Me pasa en casi todas las películas en las que trabajo, que encuentro un guionista que es verdaderamente bueno. Es muy difícil escribir un buen guión, tan difícil como es hacer una buena película. Yo aprecio a los buenos guionistas.
-¿Ves una conexión entre "Trece días" y "JFK", más allá de que hayas protagonizado las dos?
-Entiendo la coincidencia que la gente pueda ver, y probablemente no es ninguna coincidencia para vos que yo haya decidido hacer este filme si me pareció interesante, porque hice dos películas sobre béisbol, una detrás de la otra, cuando ya me dijeron que no era una buena idea cuando decidí hacer la primera. Pero creo que por sobre todas las cosas en el caso de "Trece días" me dejé llevar por la historia y por la forma en que estaba hecho el guión. O sea que aunque haya una conexión, para mí no la hay. Yo podría hacer una película sobre Lincoln o Washington pero no me interesan lo suficiente como para invertir en ellos una parte de mi vida.
-¿No te preocupa que la gente te asocie con Kennedy de la misma manera en que asocian a Oliver Stone con la década del sesenta?
-No, porque una de las cosas que creo que he podido hacer es probar con éxito diferentes géneros cinematográficos: ya sean filmes políticos, deportivos, westerns o películas épicas, y hasta tengo una carrera haciendo papeles de reparto, como en "Un mundo perfecto" y "The War". Nunca me limité y eso confundió muchas veces a los distribuidores de mis películas en el extranjero, que no podían adivinar qué tipo de película iban a recibir de mí. No podían entender que era "El campo de los sueños". Y yo no puedo hacer nada para ayudarlos a entenderme, porque no llevo mi carrera para que puedan vender mejor mis películas en el extranjero.
-¿Pero no tenés que tener en cuenta al mercado internacional cuando decidís hacer una película?
-Por supuesto, pero no en términos comerciales. Yo sé que las películas que hago se ven en todo el mundo, y las razones por las que luché las batallas que he luchado tuvieron que ver siempre con el aspecto artístico de mis películas. Yo sé que la gente va a ver este filme no sólo en la semana de su estreno, sino de aquí a seis meses y de aquí a seis años. Por eso las batallas que libro -o al menos eso es lo que yo creo- tienen que ver con de qué trata la película o qué tipo de imágenes tiene que tener. Por eso nunca me importó cuánto duran mis películas, porque esas son razones comerciales que a mí no me importan ni me interesan. Tengo una responsabilidad económica porque yo consigo quién invierta dinero en mis películas, pero yo no creo que tres minutos más en una película hagan una gran diferencia. Tuve algunas peleas sobre ese tema...
-Cuando perdés una de esas batallas a las que te referís, ¿afecta la manera en que desarrollás tu próxima película?
-No, porque aún sigo siendo fiel a mis creencias. A esta altura, más allá de lo que digan los rumores, yo sé muy bien lo que pasa durante una filmación, cuáles son las decisiones que se toman y porque se toman. Pero no dejo que esas cosas me afecten. No me interesa funcionar basado en el miedo, ni me interesa anticipar qué es lo que va a pasar con un proyecto. Tengo que mantenerme fiel a lo que creo...
-Daría la sensación de que sos una de las personas mas atacadas en Hollywood. ¿Cómo te afectan esos ataques?
-Me afectan como persona porque como cualquier actor yo tengo un ego, pero yo me odiaría más si dejara que esos ataques cambiaran mi manera de pensar o de actuar. Pero hay una diferencia entre la crítica constructiva y la crítica destructiva. Sé la diferencia entre la gente a la que le importo cuando me critican y la gente que quiere destruirme. Yo puedo mirar para atrás y decir con orgullo que no hay una sola película que haya hecho por el dinero que me iban a pagar, nunca he hecho una película para mantenerme ocupado. Siempre hice las películas por las que sentía una pasión y en ese sentido estoy muy orgulloso de mi carrera. Muchas películas que hice no tuvieron éxito comercial, pero yo no me puedo hacer responsable de esa parte. No siempre puedo hacer las películas que quise. Traté de conseguir "La lista de Schindler", y traté de conseguir "Unforgiven", porque me parecieron guiones excelentes. Ese es el tipo de películas que me interesan.
-¿Por eso te sentiste más aliviado de que en "Trece días" no estés en cada escena?
-Por supuesto. Cuando me interesé en esta película dije que podía hacer del coronel Ecker o de Kenny O'Donnell. El coronel Ecker es el que vuela sobre Cuba. Yo solo quería formar parte de la película, para darle mi respaldo. Yo ya he sido parte de un gran elenco en "Silverado" o en "Los Intocables". Yo sabía que iba a tener una responsabilidad sobre mis hombros, pero que iba a pasar tanto por mi función como productor como mi función como actor. Y aunque nunca pensé en ser el protagonista, recibí mucha atención por este filme, y eso es una buena muestra de que uno tiene que hacer lo que siente, más allá del tamaño del papel. Si uno forma parte de una buena película, aunque sea en un papel secundario, es mucho mejor que protagonizar una mala película.
-¿Recordás cómo viviste vos la crisis de los misiles de octubre?
-Claro que sí. Me acuerdo que las cosas estuvieron un poco raras en mi casa. Es como cuando eres chico y se muere un abuelo. Ves a tus padres que actúan de una manera extraña. Yo entendía que algo raro estaba pasando. No encontraba con quien jugar en la calle, porque yo era un niño que se pasaba todo el día en la calle, y veía a los vecinos haciendo pozos en sus jardines. Pero tenía siete años, así que no podía entender muy bien cuál era el problema.
-¿Por qué decidiste hacer de Kenny cuando podrías haber hecho de John F. Kennedy?
-La verdad es que sentí, como productor, que si yo hubiera hecho de John F. todo el mundo estaría debatiendo ahora si lo hice bien o si lo hice mal. No me interesaba que se hablara de mí, me interesaba que se hablara de la película. Creo que si la discusión hubiera girado sobre si me parecía a Kennedy o no y si lo había imitado bien o no, hubiera sido un desastre para el filme. No hice esta película por el estrellato, la hice porque me parecía un proyecto importante. Me parece importante transmitirle a las nuevas generaciones cómo fueron nuestros lideres. A mí me encanta leer sobre sus vidas, pero no me interesa saber con quien se acostaron, si eran atractivos y si venían de la aristocracia norteamericana. Me interesa leer sobre ellos porque fueron gente que en el medio de graves problemas lucharon por lo que creían. Yo creo que les debemos muchísimo a los Kennedy porque en esos trece días lucharon por dejarnos un legado que es con el cual vivimos hoy en día.
-¿Había cosas puntuales que querías transmitirle a la audiencia en esta película?
-No, no necesariamente. Simplemente leí el guión y me pareció que era una historia norteamericana de proporciones internacionales, me gustaron los personajes, me pareció interesante lo que decían y el dilema con el cual se tuvieron que enfrentar. Yo me di cuenta que estaba frente a un guión excepcional, y un guionista maravilloso, que podía tomar un tema tan complicado como la crisis de los misiles y llevarlo tan humanamente a la pantalla. En el filme, queda claro que ese fue un momento que debe ponernos orgullosos a todos los norteamericanos, pero cuando ocurrió, la mayoría de mis compatriotas no se sintieron nada orgullosos con el desarrollo de los hechos. Los Kennedy jamás hubieran ganado la reelección porque habían hecho un desastre con la Bahía de los Cochinos y después -para la opinión pública de entonces- con la crisis de los misiles. Por eso me pareció importante reivindicar que en el momento lucharon por un mundo mejor y no por ganar las próximas elecciones.



Costner, otra vez en la Casa Blanca.
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