Año 49.074
 Nº CXXXIV
Rosario,
domingo  01 de
abril de 2001
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Tragedia en la ruta 11. Consternación en Maciel por el accidente
Un pueblo conmovido por el dolor
Las cuatro jóvenes que murieron a causa del accidente habían compartido la escuela desde el preescolar

Eduardo Caniglia

Eran las 8.30 de ayer cuando el teléfono sonó en la casa de Paola Polidori, una de las cuatro chicas de Maciel que murieron en la tragedia de Oliveros. La abuela de la chica levantó el auricular y por el tono de voz cargado de dramatismo de su interlocutor presumió que algo grave había ocurrido. La mujer se intranquilizó. Después su hijo llamó a la casa y la mujer confirmó su presunción: un choque frontal entre un auto y un camión había terminado con la vida de seis jóvenes.
Paola, Florencia, Vanesa y Anabella habían nacido en Maciel y las cuatro habían compartido la escuela primaria y secundaria desde el preescolar. El viernes a la noche habían viajado a San Lorenzo para festejar el cumpleaños número 18 de Vanesa en un boliche de esa ciudad. Cerca de las 7, las chicas regresaban a Maciel cuando se produjo el trágico accidente.
Ayer a la tarde, los habitantes de Maciel, una localidad de unos seis mil personas, estaban apesadumbrados y casi todos hablaban del suceso, aunque todavía no conocían cómo se había desencadenado el choque. Algunos vecinos recorrían la calle principal en medio de las persianas cerradas de los comercios.
A poco de ingresar al pueblo, tres chicas que caminaban con una nena en brazos se detuvieron a conversar con La Capital. Eran amigas y vecinas de Florencia, Vanesa y Anabela. Las dos primeras chicas vivían en un complejo Fonavi, situado a unas dos cuadras de la parroquia San Francisco de Asís.
Florencia tenía dos hermanos, Leonel, de 15 años, y Julia María, una chica de 2 años. El viernes planeaba inscribirse en la Escuela de Radiología de Oliveros. "Era muy buena y nos habíamos criado juntas", comentó Alejandra mientras la nena que sostenía en sus brazos la miraba con atención, aunque sin lograr entender de qué hablaba. La chica era Julia María, la hermanita de Florencia.
Vanesa vivía a unos pocos metros de Alejandra. Ayudaba a su papá a atender un almacén y estudiaba computación en el Instituto Argentino de Computación de San Lorenzo. Georgina, uno de sus seis hermanos, está quebrada por el dolor. En un primer momento, la chica prefiere no hablar, pero después acepta el diálogo y pronuncia una frase que sintetiza su opinión de Vanesa. "Era única", dice con elocuencia.
María del Rosario tiene los ojos húmedos por el llanto. La mujer de unos 40 años está consternada y no puede comprender cómo la chica a la que vio nacer haya muerto en un horrible accidente. "Florencia era muy buena", alcanza a decir. Poco después, un chico que está sentado junto a varios amigos sobre el césped de un pequeño jardín se levanta y se acerca al cronista. Es Leonel, el hermano de Florencia. Está con su abuela porque sus padres viajaron a Rosario para reconocer el cuerpo carbonizado de su hermana.
Leonel, con la voz entrecortada, recuerda cómo se enteraron del choque. Ya eran las 9, pero la madre no estaba preocupaba porque habitualmente Florencia llegaba a esa hora en un colectivo de línea. Pocos minutos después, un familiar de Anabella les avisó que había ocurrido un accidente en "el puente de Vialidad". Entonces la mujer llamó a la comisaría de Oliveros y el agente que la atendió confirmó su temor: su hija había fallecido.
Anabella vivía a unas tres cuadras de la plaza del pueblo. Había comenzado a estudiar en Rosario profesorado de biología. Una de sus amigas, Nerea Juaristi, de 19 años, memora a la chica. "Era muy buena y comprensiva", dice mientras un grupo de jóvenes que están sentados en la puerta de su casa prefieren no hablar y sonríen con nerviosismo ante el reportero gráfico.
Paola vivía con su hermano de 15 años y su abuela, María Moli, en un chalé alpino situado cerca del ingreso al pueblo. Cuando ocurrió la tragedia, sus padres estaban en Ushuaia. El hombre trabaja en Tierra del Fuego y su mujer estaba con él cuando el Ford Sierra en el que viajaban las chicas se estrelló con un camión. Ayer debieron viajar desde esa ciudad para asistir al velatorio. Paola había empezado a estudiar profesorado de biología en Rosario, pero estuvo tres días porque "se sentía agobiada en la ciudad". Entonces decidió iniciar la carrera docente en Coronda.
"Era mandona y recoqueta. Si se enojaba con alguien, se olvidaba enseguida, pero no era rencorosa", comentó una amiga. A las 20, los cuerpos de las cuatro chicas fueron trasladados a Maciel desde el Instituto Médico Legal de Rosario y anoche eran velados en el salón parroquial de la iglesia San Francisco de Asís. En adhesión al duelo, se suspendió un partido de básquet que debía disputarse en Maciel y uno de los boliches no abrió sus puertas.


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