Año CXXXIV
 Nº 48.970
Rosario,
sábado  16 de
diciembre de 2000
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Exportaciones
La industria aceitera en emergencia
El complejo oleaginoso pierde mercados por el proteccionismo internacional. Reclamos al gobierno

Marcos Cicchirillo

El complejo oleaginoso, principal rubro exportador de la Argentina con ingresos por más de 5 mil millones de dólares en 1999, está en emergencia. Por primera vez desde el boom de la soja en los 80, la industria aceitera sufrirá este año un retroceso en el ritmo de procesamiento de granos. La culpa la tiene un círculo perverso de caída de precios y recrudecimiento del proteccionismo internacional, que castiga especialmente a los productos con mayor grado de elaboración como harinas y aceites.
La Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) decidió poner en números las distorsiones del mercado internacional y para ello contrató a la consultora M&S, que dirige el economista Carlos Melconian, que elaboró un informe sobre la compleja trama de protecciones que limita la expansión del complejo oleaginoso. Un dato resume el espíritu del informe: en la segunda mitad de la década del 90 el sector perdió mercados por un valor estimado en mil millones de dólares. Aunque compensó en volumen las pérdidas con la llegada de nuevos compradores, en muchos casos lo hizo vendiendo con importantes descuentos sobre los ya deprimidos precios internacionales.
La industria aceitera, que en los últimos 5 años desembolsó un monto de inversión de 500 millones de dólares, perdió en el 99 2.500 millones de pesos sólo por la caída de precios internacionales de los principales subproductos oleaginosos. Con la crisis asiática del 97/98 como punto de inflexión, la caída de los valores internacionales disparó el gatillo de subsidios y protecciones en países desarrollados y emergentes que no sólo traban el acceso a los mercados sino que impiden el ajuste de oferta de parte del mercado. El resultado: más y más producción y menos precio.
El trabajo de Melconian, que fue presentado oficialmente el martes por el presidente de Ciara, Raúl Padilla, pasa revista a los principales factores distorsivos del comercio internacional de productos oleaginosos: los precios sostén estadounidenses y su influencia en la sobreoferta mundial de soja y subproductos; los subsidios europeos; y el cambio de la política de compras en China, que premia las importaciones de materia prima y penaliza las de mayor valor agregado, con el fin de levantar su propio complejo.
También se detiene en la irrupción del aceite de palma como fuerte competidor de los tradicionales y repasa la situación de los mercados latinoamericanos, con el detalle de las trabas impuestas por Chile, Venezuela y México al aceite argentino.
Con este panorama, el informe elaborado a pedido de la industria aceitera no se limita al diagnóstico sino que avanza en una serie de reclamos de políticas públicas para enfrentar una situación que consideran de emergencia. Además de proponer estrategias de acción internacional, piden un aumento de los reintegros y exportaciones y la conformación de una comisión interministerial que tome al problema como una cuestión de Estado.
En el frente internacional, el informe sugiere avanzar en tres estrategias: una mayor apertura de los mercados para los productos del complejo; enfatizar la lucha contra las políticas distorsivas de otros países (particularmente de EEUU) y el disciplinamiento de los incentivos otorgados por los gobiernos de las economías emergentes.
En cuanto al reestablecimiento de los reintegros a las exportaciones de aceites crudos de soja y girasol, y sus respectivas harinas, del 2,5% (beneficio que duró hasta 1995), la propuesta es que rijan un año, prorrogable por uno más si las condiciones de precios del mercado internacional así lo requieren. El informe prevé que el costo fiscal de la medida sería los 35 millones de dólares anuales para el Estado.
Otro eje es el lanzamiento de una campaña de promoción comercial del aceite de girasol, similar al establecido para la carne. En la última Exposición Universal de Hannover estuvo en la triada (carne, vino y girasol) de productos presentados como típicamente argentinos. El objetivo final es el mercado asiático.En el marco de las estrategias de negociación internacional, otro de los planteos es acordar con Brasil, en el seno del Mercosur, un núcleo de mayor peso específico a la hora de negociar con otros bloques económicos.

Jarabe de palo
En tren de ponerle más fuerza a las negociaciones internacionales, se propone por ejemplo, elevar los aranceles de importación de bienes consumo final provenientes de México para compensar las dificultades que tiene la Argentina para colocar aceite en ese mercado. Recuerdan, en ese informe, que las importaciones de productos mexicanos alcanzan un valor de 254 millones de dólares, de los cuales 230 pertenecen a los rubros telefonía, audio y otros aparatos eléctricos. Otro de los países al que proponen pagar con la misma moneda es China. Hoy, el déficit comercial con ese país es igual a la mitad de las importaciones en bienes de consumo final (500 millones de dólares) como artículos de electrónica, textiles, juguetes, etcétera.
China importa soja argentina pero impide la importación de productos de mayor valor agregado, con el objetivo de levantar su propio complejo industrial. Por esta razón, la propuesta es elevar los aranceles de todos los bienes que llegan a los puertos argentinos y reclamar que por cada tonelada exportada de poroto de soja a China se habilite el ingreso de una tonelada de aceite de soja.
Proponen además avanzar en pactos con regiones emergentes, como el este asiático y europeo, y Africa, para obtener mejores condiciones de acceso. Otro reclamo pasa por pelear a favor de una mayor participación en los programas de asistencia alimentaria de la ONU a escala global.
Los aceiteros consideran que se debe priorizar al complejo oleaginoso en las negociaciones tendientes a limitar los subsidios agrícolas, tanto en la relación con los EEUU en el ámbito del Alca , con la UE en el contexto del Mercosur y OMC, y con el resto de países en los acuerdos bilaterales o multilaterales. A su vez, enfatizar la propuesta del cero por cero (cero arancel en granos por cero arancel en aceites brutos y refinados y harinas), que las principales entidades que agrupan a la industria aceitera a nivel mundial, firmaron el año pasado.


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