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 domingo, 06 de noviembre de 2005  
"Cada noche hacemos un Bagdad"

Hans-Hermann Nikolei

París. - "Hemos prendido fuego a 15 coches. ¿Ustedes a cuántos?" Como si de un concurso local se tratara, los jóvenes de las ciudades dormitorio en Francia compiten por ver quién de ellos lanzó el mayor número de bombas incendiarias durante la noche. A través de blogs en Internet, los jóvenes incendiarios se jactan de sus éxitos. Causar disturbios se ha convertido ya casi en el "deporte de moda".

También en lejanas ciudades de provincia los jóvenes de los barrios inmigrantes aceptan el desafío de París. No lanzan eslóganes políticos. Sin embargo, se puede sentir el odio hacia el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, que con la "limpiadora de alta presión" quería dejar libre de suciedad los barrios conflictivos. "Ahora te haremos desaparecer nosotros a vos con el Karcher (la marca más conocida de limpiadoras de alta presión)", dicen.

Las batallas callejeras con la policía se han convertido en un juego del gato y el ratón que tiene lugar cada noche. Armados con celulares, palancas y bombas incendiarias, dos o tres personas echan a andar. Un golpe rápido con una palanca "pie de cabra" contra el parabrisas, un cóctel molotov cae en el vehículo y la tropa ya ha desaparecido. Desde que la policía patrulla las ciudades, también se utilizan motos, de manera que los comandos incendiarios tienen todavía más movilidad. Vía teléfono móvil informan de los movimientos de la policía. Se trata de una táctica como las de las guerrillas urbanas. "Cada noche hacemos un Bagdad aquí", dice un encapuchado en Sevran, cerca de París. Sin embargo, no parece una declaración política. Es más bien una orientación a partir de imágenes de televisión. "Sería mejor ir a París en vez de romperlo todo aquí donde vivimos nosotros", comenta un compañero, porque las víctimas de los disturbios son los propios vecinos y amigos. "¿Por qué han prendido fuego a mi coche, por qué precisamente al mío?", grita desesperado un hombre. Impotente observa como su vehículo es consumido por las llamas. Conoce a los autores, dice. Son vecinos, pero no quiere dar sus nombres.

"Son nuestros propios chicos", dice Mohamed Rezzug. Cada noche, el vicepresidente del club de fútbol de Blanc-Mesnil sale a la calle para evitar que el gimnasio sea pasto de las llamas. Cada noche trata de convencer con palabras tranquilizadoras a los jóvenes. "Me responden con improperios", explica.
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