 | domingo, 03 de abril de 2005 | La extrema derecha gana fuerza en España Hubert Kahl Madrid. - Mientras en años pasados los partidos de derecha radical en Alemania, Francia y otros países de Europa conseguían éxitos electorales, los españoles siempre podían esgrimir: "Nosotros no tenemos extrema derecha". Precisamente el país que hasta hace 30 años fue gobernado por una dictadura militar comandada por el «Generalísimo» Francisco Franco, de 1939 a 1975, era uno de los pocos Estados de Europa en el que los grupos de derecha radical no representaban ningún papel.
Pero los tiempos cambian. En algunos lugares del país se produjeron últimamente cada vez más brotes de violencia xenófoba, como en El Ejido (al sur del país), en Terrassa (junto a Barcelona) o en Elche (en el Levante). Y en los campos de fútbol, los jugadores negros han sido vilipendiados emitiendo sonidos que imitan a los monos cada vez que tocan el balón.
Según estimaciones del Movimiento contra la Intolerancia hay cada año 4.000 ataques neonazis a extranjeros, mendigos, prostitutas y homosexuales. Estos asaltos, según destaca el historiador Xavier Casals, no deberían considerarse como fenómenos aislados. "Son la prueba de que existe una penetración sociológica de las ideas de extrema derecha en ámbitos, como los estadios de fútbol, los barrios populares o los territorios de las tribus urbanas, en los que tradicionalmente ha estado ausente".
El periódico La Vanguardia escribió: "En el lado derecho del espectro político se mueve algo", mientras que El País constató una nueva amenaza: "La extrema derecha existe", tituló. En cualquier caso, hasta ahora las tendencias de derecha radical no cristalizaron en verdaderas alternativas electorales. La extrema derecha no tiene ninguna figura líder como Jean-Marie Le Pen en Francia y ningún partido que tenga alguna oportunidad de llegar al Parlamento.
La evolución se lleva a cabo más bien de un modo subliminal. Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas español (CIS), el odio a los marroquíes e inmigrantes de otros países islámicos ha crecido. El 53% de los españoles cree que en su país viven demasiados extranjeros. Hace cuatro años este porcentaje era del 31%. Como ejemplo, en Premia de Mar, junto a Barcelona, los habitantes se opusieron recientemente a la construcción de una mezquita.
En España, la población -al igual que en Portugal o Grecia- estaba «vacunada» frente a estos brotes como consecuencia de su larga experiencia en dictaduras. Prácticamente nadie quería saber nada de otro régimen similar. La derecha radical aparecía como una ideología anclada en el pasado empeñada en revertir el curso de la historia. Sin embargo, ahora -con varios años de retraso- en España se está dando una equiparación con Europa. Con la entrada masiva de extranjeros, la extrema derecha encontró un nuevo filón: ya no despotrica contra comunistas y otros izquierdistas, sino contra la inmigración.
Algunos grupos cambiaron también su imagen. Se definen como modernos y se presentan como demócratas, ya no como partidarios de un régimen dictatorial. En Cataluña, por ejemplo, la Plataforma per Catalunya, liderada por el antiguo extremista de derechas Josep Anglada, logró introducirse en varios consistorios municipales. El grupo se presenta como portavoz del "ciudadano común" que no se siente representado por los partidos mayoritarios.
España todavía "no ha asumido el impacto de la inmigración", aseguró la socióloga Carmen González al diario El País. "El fenómeno es demasiado joven como para que haya una opinión asentada. Vamos a un endurecimiento del clima general", advirtió. Algo que podría darse cuando el «boom» económico se apague y el número de desempleados vuelva a subir en España. (DPA) enviar nota por e-mail | | |