 | jueves, 10 de marzo de 2005 | El riesgo inflacionario Con la acertada resolución del canje de deuda en "default", que logró que más de tres cuartas partes de los acreedores aceptaran una enorme quita, el gobierno nacional se anotó un éxito significativo, reconocido hasta por los más acérrimos representantes de la oposición política. En términos concretos, el haber salido de la cesación de pagos no sólo trae aparejada la reinserción del país en los mercados internacionales sino la posibilidad de diseñar el futuro con un importante nivel de certeza: la incertidumbre, al menos en tan crucial frente, se ha terminado. Sin embargo, la nave dista de haber arribado a aguas tranquilas: el frente interno -pese a la notoria reactivación que se registra- presenta considerables frentes de tormenta. Entre ellos, el que más preocupa a Economía no es otro que un antiguo fantasma que amenaza con volver a asomar su cabeza en el horizonte: la inflación.
Ayer, el propio presidente de la República -quien no suele callarse nada- salió a la palestra con fuertes declaraciones, por cuyo intermedio cuestionó con dureza la voracidad de ciertos sectores que, según afirmó, "quieren seguir con el proceso de concentración económica y perturbar las posibilidades de desarrollo de la Argentina". Y agregó: "Está bien que las empresas tengan rentabilidad, pero esa ganancia tiene que ir de la mano del bienestar del conjunto". Sin dudas no fue ese el camino que se recorrió durante la década del noventa del siglo pasado, cuando los beneficios obtenidos con el modelo implementado fueron para pocos y el resto se hundió en un marasmo del cual recién ahora comienza, dificultosamente, a emerger.
Pero los hábitos aprendidos a lo largo de tanto tiempo no se extirpan con facilidad: los incrementos que preocupan y mucho al Ejecutivo son el de la carne y el gasoil. El ocho por ciento en un solo día que subió anteayer el precio de la hacienda -llegó a un veinte por ciento en el año, aunque luego bajó- no sólo se relaciona con factores estacionales, sino con el auge de las exportaciones, que repercute negativamente en los valores que se facturan en las carnicerías.
El jefe del Estado demostró la víspera que no pierde de vista las cuestiones que más afectan a la gente. Pero no es con palabras que se logrará controlar la ambición sectorial, que suele practicar la indiferencia más absoluta a la hora de remarcar precios. El Ministerio de Economía deberá estar atento a los posibles abusos y estudiar los mecanismos de control que puedan aplicarse en caso necesario. De lo contrario, se estaría pecando de ingenuidad. enviar nota por e-mail | | |