 | jueves, 10 de marzo de 2005 | Estancamiento educativo Como en el túnel del tiempo, cada año se inicia y transcurre en esta provincia con conflictos en el sistema educativo. Cuando empecé a trabajar en 1984 como maestra en la primaria pensé que sólo era cuestión de tiempo, que alguna vez algún gobierno, alguna clase dirigente, despertaría de su letargo provinciano y entendería que sin un sistema educativo fuerte lo único que conseguimos es una sociedad aletargada. Seguí estudiando, me fui, volví, trabajé en otros ámbitos, cambiaron muchas cosas. Pasaron dos décadas. Esta provincia sufrió los peores avatares: fábricas fundidas, campos y ciudades inundadas, migraciones, más pobreza, más inseguridad, y a cierta clase dirigente le bastó con poner paños fríos y mostrar una provincia con los números sin déficit. Mientras tanto abandonó a las escuelas a su suerte, descuidó la infraestructura, dejó que se convirtieran en "empresa" para cualquier particular inepto y/o inescrupuloso bajo el manto de la reforma de los noventa, que cambió algunas cosas para que nada cambiara. Prueba de ello es: a) el estado de los edificios de las escuelas fiscales y el congelamiento en la creación de cargos con la consecuente falta de personal. A modo de ejemplo cito el jardín Nº 62, que desde hace 13 años solicita una portera para el turno tarde (tienen 250 chicos, imaginen las condiciones de higiene y seguridad por la tarde), un profesor de música y uno de educación física. ¿Estarán esperando algún "megadesastre" al estilo porteño para actuar? Invito a ustedes los periodistas a indagar más el asunto. b) Las escuelas privadas en quiebra que estafan a familias enteras. ¿Qué control ejerce el Estado provincial sobre quienes "ponen" una escuela privada? ¿Cualquiera puede hacerlo? Obviamente, muchas familias pagan doblemente y esforzadamente por la educación de sus hijos: los impuestos y la cuota de la escuela privada. Y en medio de esto están nuestros hijos y nuestras hijas y un futuro que parece que empecinadamente tratamos de destruir desde hace al menos cuarenta años. Y una clase dirigente política, sindical, empresarial, religiosa, social y económica que, por donde se la mire, no está a la altura de los tiempos. No obstante, Dios es generoso con nosotros y sigue dándonos cosechas a la provincia. Pero como cuenta un chiste, nos puso a los argentinos para equilibrar tanta bonanza. En una oportunidad leí que las diez personas más ricas de Brasil se habían reunido con funcionarios y expertos para ver qué se hacía para tratar de mejorar la educación en su país y la situación social. Una de ellas dijo, en sus declaraciones, que no lo hacían por generosas, todo lo contrario. Querían mejorar las condiciones de los demás porque llega un punto en que no alcanzan ni los colegio de élite ni la custodia particular ni los barrios cerrados ni las fosas con cocodrilos para seguir viviendo.
DNI 16.852.720
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