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 miércoles, 01 de diciembre de 2004  
Un fallo judicial impide la llegada de más presos a la UnidadI
Una riña fatal elevó a siete la cifra de muertos durante 2004 en Coronda
Jorge Martínez era rosarino, tenía 27 años y cumplíacondena por robo. Lo apuñalaron en el pabellón seis

Un preso rosarino murió el lunes a la noche en la cárcel de Coronda tras haber recibido, en circunstancias que hasta ayer no se habían podido determinar, una puñalada cerca del corazón. Jorge Martínez, de 27 años, se convirtió en el séptimo recluso en lo que va del año que muere en Coronda, penal en el que, por otra parte, desde hace una semana los internos desarrollan una "huelga de talleres" en reclamo de conmutaciones de penas. En tanto, un juez dio lugar a un hábeas corpus presentado por unos 600 presos para que se garanticen las celdas individuales tal como establece la ley de ejecución (ver aparte).

Martínez había llegado a Coronda dos años atrás, proveniente de un penal de Rosario, para cumplir una condena de siete años y seis meses por el delito de robo calificado por el uso de armas. Hasta el lunes, estuvo alojado en el pabellón 6, uno de los más poblados del penal, con 220 reclusos en total. Pero también es uno de los más tranquilos, según lo calificó el director de la cárcel corondina, Daniel Mansilla.

Es que el pabellón 6, llamado internamente "de los hermanitos", alberga a presos que profesan casi en su totalidad el culto evangélico. Algunos desde antes de ingresar al penal y otros, como aparentemente fue el caso de Martínez, se convierten a dicha religión durante su estadía en la prisión.

Tal vez una muerte en ese pabellón -donde "desde hace muchísimo tiempo no registraba inconvenientes", dijo Mansilla- no estuvo prevista por las autoridades carcelarias que al cierre de esta edición seguían sin poder desentrañar la secuencia de hechos que terminó con la muerte de Martínez. Sólo se sabe que eran cerca de las 22.50 -horario en que los presos miran televisión- cuando él se presentó ante los guardias con una herida de arma blanca en el pecho.

"Se desplomó antes de poder decir algo acerca de lo que había pasado", aseguró Mansilla, y confirmó que la víctima había sido herida con una chuza fabricada por los presos con elementos de la propia cárcel. El preso fue asistido y se decidió trasladarlo al Hospital Cullen de Santa Fe, pero en el trayecto murió.

"Todavía no se pudo determinar con certeza el motivo, ni siquiera se advirtieron peleas en ese pabellón", añadió el titular de la cárcel, donde ya se hicieron controles físicos y médicos al resto de los internos del recinto -no se detectaron más heridos- y se inició un sumario interno con el fin de deslindar responsabilidades.

La de Martínez fue la séptima muerte registrada en el penal de Coronda durante este año. "Hasta ahora sigue estando por debajo del promedio del año pasado, que hubo doce. Falta todavía un mes, esperemos que se mantenga así", dijo al respecto el director del Servicio Penitenciario provincial (SP), Fernando Rosúa. En otro incidente que nada tuvo que ver con la muerte de Martínez, hubo dos heridos en el pabellón 3.


Huelga en dos cárceles
En tanto, reclusos de las cárceles de Coronda y de la Unidad III de Rosario iniciaron una "huelga de talleres", medida de fuerza que implica que los internos desisten de desarrollar diversas tareas productivas dentro de los penales, en rubros como panadería o carpintería. Los presos requieren la firma de condonaciones de penas por parte del gobernador Jorge Obeid, lo cual por ahora parece estar lejos de concretarse. No obstante, el tema se está conversando en reuniones como la que mantuvieron ayer representantes de internos de Coronda con el director del SP. Quien ayer remarcó: "las conmutaciones no son derechos de los internos sino una facultad excepcional del Poder Ejecutivo"

Aproximadamente el 60% de los 1.430 presos de Coronda trabaja en alguno de los talleres en los que se produce, entre otras cosas, pan dulce para la Secretaría de Promoción Comunitaria de la provincia, o bancos de madera para escuelas. Los talleres son administrados por el Instituto Autárquico Penitenciario, que vende a precios más bajos los productos a instituciones y vuelca lo recaudado al mantenimiento de los penales.

La medida es perjudicial en el sentido de que en esta época del año hay mucha demanda de algunos productos como por ejemplo pan dulce, motivo por el cual se decidió reemplazar a los internos huelguistas -la totalidad de los talleristas- por personal carcelario. "Como forma de protesta, es una de las medidas más racionales que se pueden tomar", confió una fuente del ámbito penitenciario, quien recordó que en febrero pasado hubo una huelga similar.
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