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 martes, 16 de noviembre de 2004  
Inexistente nacionalidad

Pasó ya un tiempo, pero cuando se trata de decir la verdad, el lapso no cuenta. La mentira tiene patas cortas y a la larga se descubre. El 18 de septiembre de 2003 La Capital publica esta noticia: "La Unesco convirtió la voz de Gardel en un patrimonio de la humanidad. La organización sumó a la memoria del mundo una gran colección de discos del Morocho del Abasto". La nota que se publica al respecto es muy interesante, pero al final de la misma se desliza un comentario que considero poco feliz, pues se menciona y por lo tanto se publicita, la pretensión de los derechos de nacionalidad del gran cantor, por parte de Uruguay. Gardel ostentó, ostenta y ostentará por los siglos su nacionalidad argentina. Esto no se puede discutir, existen documentos que lo prueban. La confusión es creada adrede por algunos irreverentes historiadores (?) uruguayos que, sin ninguna prueba documental seria, pretenden haber descubierto que Carlos Gardel nació en Tacuarembó. Vuestro comentario luce entonces descolocado e inoportuno, pues sin justificativo alguno, se habla de una alternativa que la misma Unesco ha desechado, al referirse en su resolución al "cantor argentino nacido en Francia". Cuando los uruguayos se postularon para lograr tal reconocimiento, debieron llenar formularios y acompañar antecedentes que lo justificaran y al hacerlo pretendieron que la Unesco reconociera una inexistente nacionalidad uruguaya de nuestro "zorzal", con nefastos resultados para sus sueños, tal cual la expresión comentada precedentemente. Es decir, no pudieron convencer a una organización seria de sus desvaríos, si bien lograron -eso sí- que se reconociera el valor cultural de la voz de Carlos Gardel. El tema es muy largo. Merece ser tratado con total seriedad y con documentos a la vista, lo cual entiendo no es el caso de hacer ahora por este medio, pues resultaría abrumador. No se persigue ningún fin económico; solamente se trata de luchar contra la mentira y evitar que una fábula cobardemente urdida siga carcomiendo la memoria de nuestro Carlos Gardel e induzca a periodistas de buena fe, a dudar y publicitar alternativas imposibles de ser tenidas seriamente en cuenta.

José Pedro Aresi, LE 4.499.199


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