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 domingo, 31 de octubre de 2004

Educación: Maestros y nuevas tecnologías

El rol de los educadores frente a las nuevas tecnologías es una cuestión que invita a la reflexión. Es alentador pensar que la implementación de las nuevas tecnologías en el ámbito educativo no conducirán a la desaparición del rol docente; sin embargo es preciso reconocer que se producirá una reestructuración en sus funciones.

En principio, la permanencia de una postura docente tradicional en el proceso de enseñanza y aprendizaje no será factible en un contexto signado por las nuevas tecnologías. El rol más adecuado, en todo caso, consiste en adoptar una actitud de facilitador del aprendizaje, con vistas a sustituir un modelo educativo basado en la mera transmisión del conocimiento, por otro caracterizado por una postura orientadora donde el alumno sea protagonista de la construcción del mismo.

Asimismo, el nuevo rol docente exige un esfuerzo para adaptarse al cambio, ya que deberá reflexionar respecto a su actitud frente a las continuas innovaciones tecnológicas que caracterizan la era global.

Pero si los docentes mantienen una postura escéptica respecto a las nuevas tecnologías, si no logran reconocer sus potencialidades y no se capacitan en forma adecuada para su uso, la inversión carecerá de valor y su utilidad pasará inadvertida. Podría afirmarse entonces, que el cambio debe ser en primera instancia actitudinal: lo pedagógico debe ir a la vanguardia de lo tecnológico y no a la inversa.

En este sentido, es que se debe superar en primera instancia una de las posturas extremas respecto al uso de las nuevas tecnologías: la tecnofobia -miedo o rechazo a las innovaciones tecnológicas-, tal como sucedió con la implementación de la calculadora y la televisión, a las que muchos le adjudicaron sólo aspectos negativos al remarcar los efectos nocivos que podrían acarrear, en tanto sus usos llevarían a anular algunas de las capacidades que le interesaba sostener a la escuela. Así, para los tecnofóbicos, cualquier tecnología es vista como un peligro o amenaza que puede hacer tambalear valores interiorizados.

Es preciso entonces reflexionar respecto a las fortalezas de las nuevas tecnologías para que no les toque sufrir la misma tendencia que a otras innovaciones aplicadas en el ámbito educativo. Es decir, es necesario analizar y evaluar los resultados para que las herramientas tecnológicas sirvan para mejorar el desempeño de los docentes.

Por ello, lo adecuado sería ejercitar la adopción de una postura crítica: no caer en la falacia de la tecnofilia, reconociendo sólo bondades en las nuevas tecnologías junto a una actitud de fascinación respecto a la resolución de dilemas pedagógicos, ni en una postura pesimista que resalte sus debilidades.

Tal vez, la adopción de una postura crítica -ni tecnofóbica ni tecnofílica- sea la más acorde para no impedir o dificultar a los alumnos la comprensión del momento cultural que se vive, y así ayudarlos a construir una actitud crítica, comprometida frente al vertiginoso acontecer tecnológico, máxime si recordamos que los alumnos son coetáneos de la cultura de la información y comunicación.

Gabriela Mariel Spadoni. Licenciada en educación.

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