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 domingo, 29 de febrero de 2004

El año bisiesto, un regalo de Julio César
Apeló al astrónomo griego Sosigenes y así superó el caos que creaba el calendario de Numa Pompilius

Al César lo que es del César: es a esta importante figura de la historia romana a quien debemos la iniciativa que desembocó en el añadido, cada cuatro años, de un día al mes de febrero, como ocurre hoy, para recuperar el desfase entre el año solar y el calendario civil. El año trópico (tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol), en el que se basaron los cálculos para los calendarios, transcurre entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto vernal (equinoccio de primavera). La duración precisa del año terrestre es de 365 días, cinco horas, 48 minutos y 48 segundos, o sea 365,24221935 días.

Antes del calendario juliano, instaurado bajo Julio César y que tomó su nombre, los romanos utilizaban el calendario arcaico de Numa (en honor al rey sabino Numa Pompilius), de 355 días, es decir doce meses lunares. El retraso en relación al calendario solar se compensaba con meses intercalados fijados por un grupo de sacerdotes, los pontífices.


Un sistema "enloquecido"
En la época de las guerras civiles, el sistema se descontroló. En el año 45 antes de nuestra era, César y el Gran Pontífice apelaron al astrónomo griego Sosigenes de Alejandría para que encontrara una solución práctica a un desfase demasiado importante. Sosigenes creó entonces el año de 365 días, más un día intercalado cada cuatro años, situado entre el 24 y el 25 de febrero. Como los romanos contaban los días "al revés" para saber cuánto tiempo faltaba para tal fecha fija, con respecto a las "calendas", en este caso el 1º de marzo, el 24 de febrero era el sexto día antes de ese día ("ante diem sextum kalendas Martias", abreviado a.d.VIkal.Mart).

El día intercalado se convirtió entonces en "ante diem bis sextum kalendas Martias", sexto día bis antes del inicio de marzo, y el año marcado por este añadido al calendario en "annus bissextilis", año bisiesto. El calendario juliano atribuía por lo tanto al año una duración promedio redondeada de 365, 25 días, lo que provocaba un desfase de en torno a una semana por milenio.

Siguió siendo sin embargo generalmente utilizado en Europa hasta la promulgación por el Papa Gregorio XIII, en 1582, del calendario gregoriano. Rápidamente adoptado por la mayoría de los países católicos, el nuevo calendario, todavía vigente, aportó un ajuste al decidir suprimir los años bisiestos en los años que son múltiples de 100 sin ser múltiples de 400. Así, 2000 o 2004 son años bisiestos, contrariamente a 1900 o 2100, por ejemplo.

Esto sigue produciendo un exceso de tres días cada 10.000 años, pero debido a un acortamiento del año trópico de medio segundo, a un alargamiento del día de 0,0016 segundos por siglo y a las incertidumbres sobre la duración del año dentro de cien siglos podemos vivir tranquilamente con este margen de error en nuestra vida diaria.

Sobre todo porque desde 1972, por necesidades de indicaciones horarias ultraprecisas, las fantasías de nuestro planeta, que no gira con una regularidad absoluta, son seguidas de cerca por el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra, establecido en País, que adelanta o atrasa un segundo, cada entre seis y 60 meses y en el último momento, los días 30 de junio o 31 de diciembre. (AFP)

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