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 sábado, 28 de febrero de 2004

Japón condenó a morir en la horca al gurú de la secta Aum que atentó con el gas sarín
Fue el responsable del ataque al metro de Tokio en 1995, que causó 12 víctimas fatales y 5.000 intoxicados

Tokio. - Shoko Asahara, el gurú fundador de la secta apocalíptica Aum (Verdad Suprema) fue condenado ayer a la horca por los crímenes terroristas más espectaculares y misteriosos cometidos en Japón hasta la fecha, incluyendo un atentado con gas sarín en el metro de Tokio en 1995. "El acusado es condenado a muerte", declaró el juez principal Shoji Ogawa, al culminar un largo proceso que duró casi ocho años.

El gurú Asahara, que está casi ciego, no manifestó la menor emoción al escuchar el veredicto. Sus abogados interpusieron inmediatamente una apelación, lo que deberá permitir al acusado pasar varios años tras las rejas. El juez Ogawa, considerando que el gurú había "explotado la religión como un barrera para esconderse detrás", calificó sus crímenes de "crueles, viciosos y sin piedad".

Shoko Asahara, cuyo verdadero nombre es Chizuo Matsumoto, de 48 años, estaba acusado de 13 crímenes que provocaron la muerte de 27 personas e hirieron a varios miles más. Asahara fue declarado culpable de haber ordenado el espectacular ataque con gas sarín perpetrado en marzo de 1995 en el metro de Tokio (12 muertos y más de 5.000 intoxicados), así como otro atentado con el mismo gas cometido nueve meses antes en Matsumoto (centro), que mató a siete personas. También fue declarado culpable del asesinato de un abogado, enemigo jurado de la secta, y de su familia.

Los tres jueces del tribunal rechazaron los argumentos de la defensa que había estimado que los discípulos de la secta, once de los cuales ya fueron condenados a muerte, habían actuado por propia iniciativa, independientemente del gurú.

El gurú fue arrestado en mayo de 1995 en el cuartel general de la secta Aum, en Kamikuishiki, cerca del monte Fuji. En ese mismo lugar la secta dirigía una fábrica química capaz de producir suficiente gas sarín (una invención de los nazis) para matar a millones de personas. En el momento del ataque en Tokio, Aum reivindicaba 10.000 adeptos y dirigía cuatro sucursales en el extranjero, sobre todo en Moscú y Nueva York.

Asahara aprovechó el vacío espiritual generado tras los años del boom económico en Japón, que empujó a las nuevas generaciones a nuevas religiones como Aum. Miles vieron en él a una figura paterna, con la que se sentían comprendidos y que les ofrecía una alternativa para evadirse de las presiones de la sociedad. El les prometía iluminación y una vida mejor. Al mismo tiempo, anunciaba el fin de la civilización humana.

Asahara creció en condiciones humildes como hijo de un fabricante de esteras en el sur de Japón. Nació ciego de un ojo y nunca tuvo una vida fácil. En viajes al Himalaya y en su estudio de la mística tibetana aseguró haber sentido una iluminación. Para los expertos, desde un principio fue un charlatán. En 1990, se presentó a las elecciones parlamentarias con un "Partido de la Verdad", y fracasó estrepitosamente. En esa derrota, en sus orígenes humildes, su discapacidad y su afán de llegar hasta lo más alto, los expertos ven el origen y el punto de inflexión para la transformación de su secta en una organización militante y criminal.

A pesar de que la secta cambió de nombre -ahora se llama Aleph- y se alejó de la violencia, sigue teniendo unos 1.650 seguidores y continúa siendo vigilada por el Estado. (DPA y AFP)

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El condenado a muerte.

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