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 miércoles, 04 de febrero de 2004

Charlas en el Café del Bajo

-A partir de una carta y un soneto que me envió Norberto, un amigo, tengo un homenaje para hacer a estos seres incondicionales, amigos entrañables en las buenas y en las malas. Amigos que se quedan a su lado Inocencio, aun cuando uno les devuelva indiferencia a cambio de su alegría al vernos. Amigos que después de recibir un reto o un maltrato agachan la cabeza, se marchan cabizbajos hacia un rincón y desde allí nos miran con cara de esperanza y pidiendo una indulgencia.

-Amigos que no conocen el rencor, que perdonan mucho antes de recibir la anhelada caricia de reconciliación. Amigos que, sin dudarlo, estarían dispuestos, gustosos a dar la vida por nosotros. ¿Qué nos dice Norberto, Candi?

-Nos envía un soneto de Carlos Obligado que solía leer cuando tenía 5 o 6 años (nos dice que aprendió a leer a los 2 años) y que lo hacía "furtivamente cuando mis hermanos (mayores) no estaban cerca, pues estaba impreso en su libro de lectura de la escuela. Siempre -manifiesta nuestro amigo- lograba ese soneto hacerme llorar, aún cuando a los 5 años estaba lejos de la experiencia de tener y amar a un "hermanito perro", algo que después llegó y que, felizmente, es parte de mi vida también hoy". El soneto, Mi Perro, dice así: "¡Sí, te recuerdo!, con alegre brío,/de la mañana bajo el sol temprano/tras una rama que arrojó mi mano/te desplomabas, bullicioso, al río./Y era la gloria del nadar bravío/y era el regreso, de la presa ufano/¡Ya con mi edad feliz duermes lejano,/inolvidable compañero mío!/Pero en mis días, de quebranto obscuros,/a mí te llegas con tus ojos puros,/donde un anhelo compasivo flota,/y un verde gajo, de ilusión florido,/al alma ofreces, con amor traído/del lago azul de la niñez remota".

-Muy lindo.

-Norberto sigue después diciendo en la carta: "¿Qué te parece? Qué cosas hermosas para expresar sobre un amigo, un compañero que ya no está con nosotros. Tengo los ojos húmedos, y estoy haciendo un verdadero esfuerzo para no estallar en llanto, como en mi infancia, para que la gente del cyber no venga a ver qué es lo que me pasa. Creer o no, pero muchas veces, a diferentes edades, intenté ganarle a este poema, leerlo sin llorar, y debo reconocer (¡gracias a Dios!) que aún consigue vencerme. Esto es muy bueno, cuando a veces, las exigencias de la vida contemporánea pueden hacernos creer que ya no nos quedan lágrimas y que el corazón es tan sólo una bomba muscular. Como cuando escribiste las columnas sobre el amor, creí, equivocadamente, que tu intención estaba dirigida mayormente hacia el género humano, omití este pedazo de ternura que le brotó a Obligado desde el recuerdo de su perro y de su infancia. Pero ¿viste qué cariño tan especial despiertan los perros, desde ese amor incondicional, primitivo pero permanente que profesan a su familia humana? De paso, te comento que en hebreo, perro se dice kelleb (con doble ele como en italiano) y que se puede descomponer en dos palabras kel-leb (kel, "todo"; leb, "corazón"). O sea que el nombre hebreo de la especie (significante) encierra como significado la esencia, la naturaleza de este tipo de animalitos. ¿Interesante, no? Un abrazo. Norberto".

-Déjeme que le exprese al amigo una cosita Candi: Norberto, al observar las conductas de los "hermanos perritos" siempre tuve una gran duda y esta es si en realidad los primitivos son ellos o nosotros sus amos. Alguna vez fijate en un aspecto particular, tal vez ya lo hayas descubierto, y es que entre ellos también hay códigos. Un perro se pelea ferozmente con otro, pero cuando el que está perdiendo se da por vencido y se echa a tierra boca arriba cesa inmediatamente el ataque del contrincante. Cuantos humanos vencidos por los poderosos y sin embargo nada de piedad ¿Verdad? Gracias por la carta y por tus lágrimas contenidas... Shalom.

-¿Alguna vez le dije Inocencio que cuando yo deseo conocer en profundidad a una persona le preguntó: ¿cuándo fue la última vez que lloraste? Sabe Inocencio, a veces en los atardeceres me siento y comienzo a dibujar palabras en la compu, alguien al punto viene y se echa junto a mí, me mira y yo la miro. Luego "ella" se queda con la mirada perdida en un punto infinito del espacio y me pregunto: ¿en qué estará pensando?, ¿cuáles serán sus sueños? Dígame Inocencio: ¿será cierto que estos seres no tienen alma? No lo creo. Cada vez que los miro advierto un "yo" en sus miradas.

Candi II

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