 | miércoles, 19 de noviembre de 2003 | Salud y medicina preventiva Es sabido que la salud pública en nuestro país está desde hace tiempo en muy mal estado. Las enfermedades psicofísicas que nos aquejan, hambre y desnutrición incluídas, van en aumento conforme se deteriora la calidad de vida. Más de 18 millones de personas carecen de cobertura médica y dependen del hospital público, el que a su vez está al borde del colapso. Este sombrío panorama podría mejorar mucho con una política revolucionaria en materia de salud pública e individual si damos a la educación y a la medicina preventiva un lugar preponderante. Obviamente, habrá que cambiar las condiciones económicas, laborales y sociales pues la influencia de estos aspectos guarda directa relación con las enfermedades, factores de riesgo y mortalidad. La salud es un gran negocio, y no debiera ser así. Prevenir y curar enfermedades es un derecho que tiene que estar al alcance de todos sin excepción, cosa que hoy no ocurre por la pobreza, la ignorancia y la exclusión social. Poniendo énfasis en la educación para la salud como política de Estado podremos contar con una eficaz medicina preventiva, la más barata, que deberá estar más allá de gobiernos y partidos políticos. Será la mejor inversión que podamos hacer para nuestro futuro y bienestar. Me atrevo a decir que si empleáramos a esos fines la mitad del tiempo y material impreso que por los medios hoy se dedican al fútbol y a otros deportes el panorama de la salud mejoraría notablemente. Casi el 200 por ciento desde la devaluación. Entonces, a la desgracia de tantos que carecen de cobertura médica hay que sumar mucha ignorancia sobre temas fundamentales como salud, alimentación, prevención de enfermedades, contaminación, etcétera. Como nadie quiere estar enfermo y la salud es la primera riqueza, a ella debemos dedicar todos nuestros esfuerzos y conocimientos para lograr el cambio.
Roberto Torres
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